ABRIENDO LA HISTORIA A LA UTILIDAD DEL FUTURO: UNA POSICIÓN EN CONTRA DEL REALISMO INGENUO.

Publicado agosto 18, 2013 por Miguel Angel Guzmán López
Categorías: Aportaciones

Magritte, Falso specchio (1928)

Magritte, Falso specchio (1928)

Por Luz Antonia Miranda Félix

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios)

Universidad de Guanajuato

Actualmente es difícil que un historiador manifieste abiertamente que su oficio cumple, por deber y por principio ético, con una función social y humana. Es más raro aún encontrar que alguno se atreva incluso a mencionar que la historia esté hecha para despertar conciencias, iluminar el presente, prever el futuro y motivar el cambio social con la esperanza de crear una sociedad más justa e igualitaria. Estas premisas, que parten de visiones vitalistas y marxistas de la historia, son difíciles de expresar sin complejo ante un gremio todavía atado a prejuicios cientificistas.

El miedo a parecer poco objetivo, tendencioso, ideologizado y politizado, en su sentido más dogmático y negativo, ha callado las voces de varios historiadores y científicos sociales, pero no la del historiador argentino José Luis Romero, quien en La historia y la vida nos ha recordado la parte más humana de la historia. La que es realizada desde una inquietud de vida, antes que desde una inquietud por el mero saber. La que es consecuente y congruente con la vida del historiador que la realiza. La que reconoce y acepta la subjetividad del quehacer historiográfico y le otorga un sentido de vida al conocimiento producido. La que coloca a la historia más en el ámbito de las humanidades que en el de las ciencias sociales. La que combate el realismo ingenuo y abre la historia a la utilidad del presente y del futuro.

El realismo ingenuo, menciona Romero, es “la más tosca postura ante la realidad circundante” que acepta como universal y absoluta la realidad presente, con absoluta ausencia de sentido crítico, considerando que la realidad “es” y el hombre no puede hacer nada para cambiarla.  El autor escribe: “Quien crea que lo que es no podrá ser de otra manera, deja al mundo entregado a una suerte de fatalidad cuya última consecuencia no podemos prever.” (Romero, 2008: 42)

Y en efecto, este realismo ingenuo genera un visión muy pobre de la realidad, pues no se pregunta por el por qué son las cosas así  y sólo acepta las cosas “como son”, dejando con su ingenuidad e inconciencia, que otros  hagan la historia por él. Es aquí donde la historia puede y debe, por cuestión ética, cumplir la misión de sacudir el realismo ingenuo, pues si una cosa sabe el historiador crítico, es  que la historia no se ha desarrollado de manera determinante, que el cambio ha existido y ha irrumpido en varios periodos y épocas, donde el hombre ha demostrado ser el motor y el conductor de su historia. El realismo ingenuo le quita al hombre su capacidad creadora y le quita, en sentido amplio, toda su libertad.

En este sentido, llevar la conciencia histórica al servicio de la libertad del hombre, sería una de las misiones más humanas de la disciplina, una que le brindaría un sentido al saber histórico. Una historia al servicio de la comprensión de los problemas actuales, para la creación de posibles soluciones futuras. Una historia como maestra de vida y dadora de consejo.

Referencia bibliográfica:

Romero, José Luis (2008) La vida histórica. México, Siglo XXI.

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EL PAPEL DEL HISTORIADOR COMO RESPONSABLE DE ACERCAR A LA SOCIEDAD AL CONOCIMIENTO DE LA HISTORIA

Publicado abril 25, 2013 por Miguel Angel Guzmán López
Categorías: Uncategorized

Por Paloma Guzmán Rosiles.

Enrique Florescano utiliza al inicio de su texto titulado La labor social del historiador una frase de Collingwood[1] que a mi parecer expone de una manera muy buena y hasta bonita la utilidad y el valor que la historia tiene, desde que la leí la tengo muy presente (al igual que el texto de Florescano) pues una de  las principales utilidades que tiene la historia se ve perfectamente reflejada en este pequeño fragmento que va muy relacionado con lo que expondré a continuación sobre la importancia de que el historiador se interese en el alcance que tendrá su discurso.

Es muy común que sea tocado el tema sobre el por qué en una gran parte de las ocasiones la sociedad tiene una idea errónea de la historia, o bien, tomando en cuenta lo ocurrido en las elecciones del pasado 1° de julio y que dejaron como resultado el retorno a la presidencia del Partido Revolucionario Institucional (PRI), hablamos acerca de la consciencia histórica al parecer ausente en una buena cantidad de personas que conforman la actual sociedad  mexicana, así como la constante apatía que se llega a contemplar en los jóvenes hacia el estudio de la historia.

Margarita Limón Luque en su texto El fin de la historia en la enseñanza obligatoria, hace referencia al caso de unos jóvenes que proponían, o más bien, estaban de acuerdo con la eliminación de la enseñanza de la historia en la educación básica ya que se preguntaban para qué les servía el estudio de la prehistoria y esas cosas[2]; por lo que, entre otras cosas se evidencia la apatía que los jóvenes de hoy sienten hacia el conocimiento de la historia, y la inconsciencia que estos poseen en relación a la utilidad de la misma, por esta razón, es común que en  las ocasiones que he hablado del tema con otros compañeros llegamos a hacernos  la pregunta ¿y dónde se encuentran los historiadores en estos casos?, o bien ¿qué están, o estamos, haciendo?, las respuestas pueden sonar muy obvias, porque en efecto los historiadores siempre han estado ahí tratando de dotar a las naciones de identidad, así como al colectivo que las conforma, pero aún con los esfuerzos realizados, no es tanta la gente que parece interesarse en los temas históricos, por esto mismo, este escrito va dirigido a reflexionar acerca del papel que juega el historiador, y por ende la historia en la sociedad, como individuo y disciplina que se encargan de crear una consciencia social y quizá, si lo puedo decir de esta manera, de educar al pueblo mediante la creación de una consciencia histórica porque  ¿qué es el hombre sino su historia y la de los que estuvieron antes?, cómo hacer que la sociedad comprenda esta pregunta que hemos hecho nosotros si ni siquiera se llega a considerar a la historia como una disciplina indispensable para la vida, por lo  que mi reflexión parte desde una pregunta que tanto yo como otras personas nos hemos hecho y es la de ¿qué está haciendo el historiador para acercar su discurso a la sociedad, o bien cómo lo está haciendo?.

Si bien está claro que mediante las investigaciones históricas se hace demasiado para tratar de enseñar al pueblo su devenir para comprender su presente y dirigirnos hacia un mejor futuro, me parece que la forma en que se hace llegar este conocimiento, en muchas ocasiones no es la adecuada, pues citando a Edmundo O’Gorman, pareciera que “la labor de muchos historiadores consiste en sacar los hechos históricos de las tumbas de los archivos para sepultarlos en las tumbas de las bibliotecas”[3], o bien, te encuentras que todo está plagado por una historia de bronce que mas que acercar a la realidad nos aleja de ella.

Retomando el artículo de Antonio Rubial García ¿Historia “literaria” versus historia “académica”?, me surgió la duda acerca de cómo hacer para crear un discurso histórico más ameno y pretendo que mi reflexión proponga una manera, o bien, la manera en que yo haría mi labor como historiadora preocupada por el futuro social de mi país, principalmente, para ayudar en la concientización de la sociedad mexicana actual a partir de la historia, viendo la manera de acercar mi discurso a la sociedad y que este sea de su interés.

Lo más común suele ser pensar que existe un desinterés de la sociedad hacia el conocimiento de la historia, pero en gran parte creo, y en mi opinión, que no se trata tanto de un desinterés social, sino que va de la mano con que en gran cantidad de ocasiones el discurso que escriben o escribimos los historiadores es complicado, o bien aunque suene un poco injusta, llega a ser aburrido para la gente que no está acostumbrada al estudio de la historia, y después muy a nuestro pesar nos encontramos con que las personas tienen una idea errónea de lo que fueron los acontecimientos históricos, porque, por citar un ejemplo, las películas que pretenden tener un carácter histórico, las telenovelas y la infinidad de novelas históricas que no son hechas por historiadores que pusieron todo su empeño en documentarse antes de atreverse a escribir , les han enseñado que así ocurrieron los acontecimientos de nuestro devenir, o todavía peor, creen que en las épocas anteriores a la nuestra se pensaba prácticamente igual a como lo hacemos hoy en día, por lo que hay una sociedad confundida en cuanto a la temporalidad y los hechos históricos.

En su texto, Antonio Rubial hace una crítica hacia todos aquellos literatos que no son historiadores y que escriben novelas históricas, atreviéndose a alterar la verdad o la posible verdad de los hechos, y en ocasiones cometen la atrocidad de acabar por completo con la personalidad de los personajes de la historia atribuyéndoles cosas que pueden ser hasta incongruentes, y peor aún todavía habla sobre el caso del cine el cual pareciera que de forma intencionada pretende deshacer y transformar a los personajes históricos así como los hechos al ficcionalizarlos más de la cuenta, pero también dice que esto en su mayoría puede llegar a ser culpa de los mismo historiadores, que no se encuentran del todo interesados en hacer llegar su discurso al pueblo en general y lo que la sociedad tiene más cercano al conocimiento de la historia y que es fácil de comprender y funciona como entretenimiento es el cine y la novela, porque nos dice “la forma tradicional de escribir historia, los gruesos volúmenes llenos de citas eruditas y de enormes párrafos demostrativos no pueden llenar con su abigarrado discurso más que el interés de algún especialista curioso”[4] por lo que la historia tendrá que acercarse forzosamente a la literatura, quizá no escribiendo novelas, sino más bien en la forma de escribir.

Por ello me atrevo a decir que en su totalidad no se trata solo de que la sociedad no esté interesada en el estudio o conocimiento de la historia, sino que también los historiadores no nos estamos interesando del todo en nuestra sociedad,debido a esto a lo que yo iría no es precisamente a incitar a que los historiadores escribamos novelas históricas, como diría Rubial en su texto, o nos dediquemos a la realización de guiones para películas o telenovelas (lo cual a mi parecer estaría bastante bien) sino a que pensemos y reconsideremos en cambiar la forma en que creamos nuestros discursos pensando no solamente en la investigación y en el contenido, sino también en el alcance que queremos que este obtenga, porque creo que todos tenemos el mismo fin y es el de tratar de ayudar en la conformación de una consciencia histórica en la sociedad.

Si bien como menciona Enrique Florescano en su texto, a lo largo del tiempo los historiadores han tratado de darle distintas funciones al estudio del pasado, como la de dotar a las agrupaciones humanas de identidad, cohesión y  sentido colectivo[5], si bien una de las funciones primordiales del historiador, por no decir que la más importante, es esa porque no interesarnos más en hacer que ese conocimiento llegue de una manera más sencilla (no sencilla en contenido, sino hablando en términos de comprensión) a un público no conocedor de la historia, pero interesado en ella, pues de que sirve estar trabajando años si los únicos que te leerán serán aquellos que necesiten averiguar sobre una investigación para la realización de otra investigación, suena hasta cierto punto absurdo, la labor social de un historiador no está completa si no busca y se asegura de que la sociedad conozca su trabajo.

Debemos encontrar la manera de escribir de una forma más amena sin, como menciona Rubial en su texto, la utilización de esas citas eruditas y los enormes párrafos demostrativos, debemos pensar desde el momento que estamos escribiendo en nuestros futuros lectores, que también sea un trabajo para ellos y no solo para nosotros y el gremio de historiadores, hay que buscar la manera de innovar en nuestro discurso sin caer en narraciones largas, absurdas y sin sentido crítico.

Referencias:

FLORESCANO, Enrique, La función social del historiador, México, FCE, 1995.

RUBIAL GARCÍA, Antonio, “¿Historia ‘literaria’ versus Historia ‘académica’?”, en Curiel, Fernando, et. al. El historiador frente a la historia. Historia y literatura. México, UNAM, 2000.

LIMÓN LUQUE, Margarita, “El fin de la historia en la enseñanza obligatoria” en Sánchez León, Pablo y Jesús Izquierdo Martín (eds) El fin de los historiadores. Pensar históricamente en el siglo XXI. Madrid, Siglo XXI; 2008.


[1] La historia es la disciplina del “auto-conocimiento humano […] conocerse a si mismo significa conocer lo que se puede hacer,  y puesto que nadie sabe lo que puede hacer si no hasta que lo intenta, la única pista para saber lo que puedehacer el hombre es averiguar lo que ha hecho. El valor de la historia, por consiguiente, consiste en que nos enseñalo que el hombre ha hecho y en ese sentido lo que es el hombre”  (R. G Collingwood)

[2] LIMÓN LUQUE, Margarita, El fin de la historia en la enseñanza obligatoria, Madrid, 2008, p. 87.

[3] RUBIAL GARCÍA, Antonio, ¿Historia “literaria” versus historia “académica”?, p.41.

[4] Ibid p.41.

[5] FLORESCANO, Enrique, La función social del historiador, México, 1995, p. 15.

SOBRE HISTORIA ECONÓMICA (Comentario crítico a un texto de Carlos Marichal)

Publicado abril 28, 2012 por Miguel Angel Guzmán López
Categorías: Reseñas

Por fernando J. Noriega Buendía

la economía forma parte fundamental e indispensable de la explicación de las acciones del hombre a lo largo del tiempo. Todos los seres humanos estamos atados a nuestro poder de adquisición de bienes y servicios en busca del bienestar. Por lo que podemos ver, la economía tiene injerencia desde la historia de las mentalidades hasta la historia política, ningún tipo de análisis de las actividades del ser humano está exento de comprender a la perfección este tema. Pero hay en particular un enfoque que se dedica a estudiar a fondo los procesos económicos por los que se han regido desde los países y continentes, hasta el ser individual y común a lo largo y ancho de la historia, y éste es el de la historia económica.

Entrando ya en materia, y tras esta breve introducción, nos disponemos a encontrar en el artículo de Carlos Marichal La Historia Económica en la Década de 1980-1990. Obstáculos, Logros y Perspectivas, aunque sea una breve explicación de lo que esta corriente historiográfica es, hace, a lo que se enfoca y demás. No se le pide que hable exclusivamente de ello ya que el incluso el título de su obra indica que lo que él quiere explicar es la situación de la historia económica en las universidades de Latinoamérica y el repentino auge que ha tenido en el globo. Pero al estar publicado en el libro de El Historiador Frente a la Historia. Corrientes Historiográficas Actuales de la Universidad Nacional Autónoma de México, lo menos que se le pide a Marichal es que dé aunque sea una introducción en la que se hable de lo que la historia económica es. Sin embargo, al autor parece haberle importado poco el punto de explicar esta corriente, dando por hecho que todos conocen muy bien el enfoque al que se refiere. Así, prefiere esbozar un análisis sobre la situación académica del mismo.

En brevísimas palabras, lo que sustenta en su reflexión es el hecho de que a partir de la década de los 70’s la historia económica surgió dentro de la profesión como una de las principales corrientes trabajadas por los académicos europeos que más pronto que tarde pasó a Latinoamérica. Aunque aquí su desarrollo se vio mucho más lento, aún así tuvo un impacto importante. Esto está influenciado por dos fenómenos de crisis que son la del marxismo y de la teoría de la dependencia, que tienen discursos rezagados y que ya no pueden explicar del todo los fenómenos históricos como los planteaba el materialismo histórico, por ejemplo, donde se fusionaba el estudio económico con el histórico. Posteriormente centra su atención en los problemas que experimentan los estudiosos de este tema, argumentando que los académicos encuentran difícil el que se les apoye en grandes proyectos sobre este tema, debido al poco interés que se vive sobre él. El que, según él, los estudios de este tipo estén llenos de tablas y números tampoco ayuda.

Hay que tomar en cuenta que el artículo de Marichal está escrito al terminar los ochentas y comenzar los noventas, por lo que no se está juzgando la situación actual, 2 décadas después que es sumamente diferente de lo que él plantea. De hecho en la actualidad la historia económica ha tomado un papel protagónico en los estudios de la sociedad. Incluso (y lo digo defendiendo lo que en un principio expuse) los estudios históricos ahora difícilmente se desprenden de esta rama del saber humano sin arriesgarse a tener una visión incompleta de la situación social de una época.

Por otro lado, a pesar del tiempo de su artículo, no se puede decir que los estudios económicos estén completamente plagados de números. Más bien, el historiador de la economía debe aprender que está escribiendo para un público que no necesariamente sabe a la perfección los términos que el mismo utiliza. Por lo tanto, debe comenzar por explicar esos términos. Aunque para nada hay que olvidar que el estudio económico de cualquier tipo se sustenta la demostración matemática de los fenómenos estudiados, no hay que sustituir con ellos el discurso histórico. Hay que tratar a las gráficas, tablas y demás como lo que ya mencionamos que son, una forma de demostrar el discurso que se está defendiendo. Pero ante todo la narración histórica debe tomar un papel protagónico en cualquier investigación del tipo. Por ello la perspectiva desde la cual Marichal ve a la historia económica, se podría calificar en cierta forma de rigorista, teniendo en cuenta que la historia económica no es un simple listado de los precios y movimientos mercantiles durante un periodo de tiempo específico, sino la explicación de una situación social a partir de procesos comerciales que afectan al bienestar del ser humano ya sea para bien o para mal. Es claro que los dos tipos de estudios se pueden presentar (aquél que se plaga de números y aquél en el que prevalece la narración sobre estos) y son completamente validos, pero como en todo, se pueden tener trabajos más o menos orillados al discurso técnico sobre el cual se apoyan. Por lo tanto, la única explicación que se me ocurre para la conclusión de Marichal sobre este punto es que ante la precaria incursión que se tenía en este tema, los estudios sobre economía aún no habían logrado desarrollar una correcta armonía entre discurso y demostración numérica.

Ya para concluir, Marichal trata de entusiasmar a los historiadores de entablar un diálogo más estrecho con los economistas, cosa que me parece maravillosa, y de incursionar en esta corriente historiográfica que se presenta como una novedad muy útil para la época. De esta manera es como el autor concluye su artículo, y la manera en la que nosotros podemos concluir nuestra opinión sobre tal, es que constituye un esbozo que si bien explica la situación de la corriente durante la década de los 80s, carece de explicación sobre la corriente misma y la poca que contiene además de excesivamente corta presenta errores de interpretación que fácilmente pueden llegar a espantar a cualquier investigador que busque incursionar en este medio. A mi parecer el texto no queda con la temática del libro a la que pertenece, y cumple únicamente con el objetivo que el mismo autor se plantea, pero no con el que se busca por parte del lector al buscar el artículo.

Bibliografía:

MARICHAL, Carlos

1992        “La Historia Económica en la Década de 1980-1990. Obstáculos, Logros y Perspectivas” En El Historiador Frente a la Historia  México, UNAM.

NOTA: El texto está disponible en la Biblioteca de este blog.

¿HAY QUE CAMBIAR A LA HISTORIA? ¿QUIEN VA A CAMBIAR A LA HISTORIA?

Publicado abril 28, 2012 por Miguel Angel Guzmán López
Categorías: Aportaciones

Por Alberto Carranco

La historia de México está llena de mitos, de historias fantásticas y eventos bélicos tan épicos como la Ilíada, pero debemos entender que no toda la Historia es un mito como algunas personas en su postura sostienen, diciendo que la totalidad histórica que se nos enseña es una vil mentira, estas personas; que son ciudadanos mexicanos como nosotros y no historiadores, pero si con una formación universitaria formal, han dicho en diversos lugares que la historia debería de ser reescrita desde el principio, contando todas las verdades y dejando de lado la narración tan idólatra de la historia mexicana. Sin embargo la postura de estas personas es prácticamente invertir los papeles de héroes y villanos tachando a Juárez de traidor y a Santa Anna de digno habitante del Olimpo, y esto viene siendo el mismo maniqueísmo del que se quejaban.

Pues bien, hay que desmitificar la historia, valorar a personajes como Iturbide, Santa Anna o Lucas Alamán y bajar del glorioso pedestal a personajes como Hidalgo, Benito Juárez, etc. pero ¿quién lo va a hacer?

A)   ¿Los mismos políticos que tienen en sus manos a la educación pública?

B)   ¿Los historiadores?

El poder sobre las masas está en la SEP y los políticos que la controlan, ellos son los que enseñan la historia a todos en las escuelas primarias y secundarias, y se encargan de usar la historia para justificar al régimen en turno. Los historiadores tienen el poder de los trabajos serios, aquellos que más pueden acercarse a la verdad, pero se quedan enfrascados en su discurso académico del cuál ninguna persona que no se dedique a la historia se va a interesar, los trabajos con afirmaciones bien respaldadas por todo tipo de documentos se quedan para un círculo minúsculo de la sociedad y para nadie más.

Nos sostendremos entonces de que nosotros, los que nos dedicamos a la Historia, somos quienes tenemos que cambiar el discurso, pero; vivimos en una sociedad que desprecia a las humanidades, la falta de apoyo a trabajos serios y a la comunidad de historiadores, filósofos y letrados es un mal que aqueja a la sociedad; cuántas veces he tenido que justificar el por qué estoy estudiando historia, porque al parecer estudiar eso sólo me llevará a morir de hambre, pues “no hay” campo laboral ni apoyo, y esto causado por el nulo interés de los círculos de poder por querer desmitificar la historia, pues claro, sus intereses se verían mermados.

Todo esto es un círculo vicioso, apoco creían que el tachar a los humanistas de gente sin quehacer era nada más porque sí, como dice Ayn Rand, la filósofa por excelencia del Libertarianismo Norteamericano, en una de sus célebres entrevistas disponibles en el sitio web de videos Youtube: “el enemigo son las universidades”.

Resulta fascinante como la gente dice que la historia no sirve para nada, y cuando le preguntan el por qué de ésta descubre que la historia está presente desde el momento en que contesta en lengua castellana “mexicanizada” y de ahí desprender toda una serie de procesos históricos que dieron como resultado nuestra misma existencia, pues la evolución humana no ha sido posible si no por nuestra capacidad de memoria que nos permite conocer y superar el conocimiento.

No podemos fiarnos, pues, de los regímenes para cambiar a la historia, ellos nunca lo harán, entonces, si queremos conocer y que se conozca la verdad debemos ir nosotros mismos a esas universidades y centros de estudios para poder emplear la dialéctica entre los diferentes trabajos y entregar a las masas las obras que puedan alentarlas a conocer un poco más sobre su pasado, hacerlas más conscientes de su propia existencia y situación, crearles una verdadera capacidad de memoria política y así poder ejercer presión sobre los círculos de poder para poco a poco salir de esa oscura caverna.

EL SENTIDO CRÍTICO, UNA ATRIBUCIÓN HISTÓRICA

Publicado marzo 3, 2012 por Miguel Angel Guzmán López
Categorías: Aportaciones

Por Fernando Javier Noriega

El participar de los asuntos públicos del estado es una parte indispensable de un ciudadano activo que aporta a su sociedad. Sin embargo, la participación del mismo, por mejor intencionada que pudiera ser, es prácticamente inútil si es que la persona no cuenta con un sentido crítico activo desarrollado. El sentido crítico es aquél que guía a la gente, tanto  nivel individual como colectivo, en sus decisiones, señalando las respuestas que a la luz de su análisis parecen ser las mejores. Una población que está educada y que conoce, cuenta con las herramientas necesarias para examinar correctamente la situación de su colectividad y decidir qué es lo mejor para ella.

El papel que desempeña la historia en este plano es determinante para la conservación del progreso de la sociedad. Procesos que van desde la simple tarea de decidir cuáles podrían ser los mejores programas de apoyo público emprendidos por el gobierno, hasta el elegir al gobernador o exigir al mismo que cumpla las promesas que ha hecho antes de subir al poder, son aquéllos que se engloban dentro de la participación activa del ciudadano, y que están estrechamente relacionados con los procesos históricos vividos por la entidad. Aquí sería muy conveniente referirnos a la famosa tesis de Marco Tulio Cicerón, que define a la historia como “maestra de la vida”. Si bien los sucesos son siempre únicos, y por tanto deben analizarse desde sus propios términos, los conceptos generales sobre las consecuencias de determinadas acciones frecuentemente son acertados. Por otra parte, el comprender los procesos por los cuáles se ha llegado hasta el punto temporal en el que la comunidad se encuentra, conlleva a la correcta apreciación de la situación vivida, reflexión de la misma y planteamiento de soluciones por parte de los ciudadanos. Si la esencia de esas soluciones se ve plasmada en las proposiciones de los candidatos al poder o de los gobernadores vigentes, entonces se incita a apoyarlos, sino se les exige que pongan en práctica esas estipulaciones o se inicia una campaña propia por lograr aquellos objetivos por los que se lucha. De esta manera, la población tampoco es manipulada tan fácilmente por los medios de comunicación, y está más atenta a las propuestas y acciones de los candidatos al poder, haciendo que los votos sean meritoriamente obtenidos por los contendientes.

Si en las aulas de clase de educación básica se fomentara la crítica dentro del rubro histórico, la capacidad de análisis social de la población cultivada crecería sobremanera, derivando en los fenómenos mencionados con anterioridad. Lograr eso significaría enseñar una historia mucho menos mitificada, pero que aún así cumpla con el objetivo de fomentar la identidad. Si la historia es lo suficientemente no manipulada como para que la sociedad comprenda a la perfección los escenarios vividos por la entidad, tanto pasados como presentes, pero sin perder su sentido de identidad, entonces sería posible entablar un diálogo inter-temporal como el que realiza el historiador, para analizar y proponer remedios a los problemas vividos en la actualidad. De esa manera, el progreso de la sociedad sería perpetuo y estaría guiado por consideraciones mucho más racionales y productivas para la misma.

LA CINEMATOGRAFÍA COMO FUENTE HISTÓRICA

Publicado febrero 17, 2012 por Miguel Angel Guzmán López
Categorías: Aportaciones

Por Sebastián Tapia Vázquez.

Por lo general se suele considerar al cine como un medio de entretenimiento que no tiene mayor provecho que el de la simple distracción, esta es una visión parcial que nos aleja de las ventajas que esta forma de expresión nos puede ofrecer.

En el caso de los historiadores, su estudio permite entender las ideas sociales y políticas de determinada época, como es el caso de Metrópolis (Fritz Lang, 1927) película alemana que refleja la mentalidad convulsionante que se vivió en Europa en el periodo intermedio de las dos guerras mundiales; otro ejemplo es de la película El Nacimiento de una Nación (D.W. Griffith, 1915) la cual refleja el latente racismo que se vivía en Estados Unidos durante el gran parte del siglo XX.

Dado que todo film reproduce todo aquello que ya pasó, todas las películas son históricas; sin embargo debemos separar a aquellas que son intencionalmente históricasde las que no lo son. A continuación presento un recuadro sencillo que facilitaría su división:

Películas intencionalmente históricas

Documentales Es la expresión de un aspecto de la realidad, el cual suele contener: relatos orales, locaciones y fotografías.Debe de estar fundamentado como toda investigación.
Films propagandísticos Son aquellos que tienen el fin de difundir una ideología política distorsionando a la Historia.Un ejemplo es El Acorazado Potemkin (Serguéi Eisenstein, 1925)
Films de género histórico Lo que para la literatura son las novelas históricas, para la cinematografía son los films de género histórico.Un ejemplo es Los Siete Samuráis (AkiraKurosawa, 1954).

La segunda rama es interminable debido a que toda película es reflejo de la sociedad a la que va dirigida, inclusive aquellas que nos parezcan inverosímiles o absurdas.

Con este pequeño aporte quería mostrar a los demás usuarios del blog una forma de acercarse a estos relatos históricos que llamamos películas, las cual tienen un enorme potencial y pueden ser una herramienta de gran ayuda para el historiador en su búsqueda por comprender el pasado y el presente.

LA HERENCIA DE LA ESCUELA DE LOS ANNALES: UNA FORMA DE PENSAR AL HOMBRE.

Publicado febrero 11, 2012 por Miguel Angel Guzmán López
Categorías: Aportaciones

Marc Bloch (1886-1944)

Por Altagracia Rocha Martínez

A lo largo de nuestras sesiones del curso de Teoría de la Historia nos hemos dado cuenta que cada corriente historiográfica revisada ha correspondido a un contexto determinado, del cual se genera una concepción del hombre, de la historia y de las finalidades de ambos. Un caso especial es el de la modalidad historiográfica impulsada por LucienFebvre y Marc Bloch que, inmersa en un contexto de crisis económicas y de un periodo entreguerras, decidió explicar al hombre y sus actos, entendiendo de la narración de los acontecimientos sólo una actividad técnica de poca utilidad para lo que realmente implicaba la historia.

El interés de sus fundadores por disciplinas como la geografía, la psicología y la economía corresponde a esa necesidad por estudiar al hombre en todos sus ámbitos, explicarlo desde perspectivas que en el documento de archivo no son reveladas. Así, la gama de fuentes también se nos presenta enriquecida: monumentos, literatura, cartografía, registros parroquiales y el mismo paisaje  son testigos del paso del tiempo, y dentro de él, el paso del hombre. Actualmente, la interdisciplinariedad en historia se puede considerar como resultado de esa apertura en pensamiento histórico y en la construcción del conocimiento que con sus estudios propusieron los integrantes del Grupo de Estrasburgo. Ya fuera con una biografía de Martin Lutero, un estudio sobre la naturaleza del rumor y su impacto psicológico durante la guerra o una investigación del pensamiento del siglo XVI a través de la cosmovisión plasmada en la obra de Rebelais, la Escuela de los Annales impuso una nueva forma de hacer historia, en cierto sentido humanista, pues su principio es el hombre mismo; y de alguna manera, secularizada de dogmas tanto religiosos como disciplinares (un ejemplo sería el de la escuela metódica) para dar paso a una historia de la totalidad, de cada recoveco de la vida del hombre.

Entonces, la idea de hombre cambia, ya no es sólo aquel personaje eminente, el hombre es ahora también el desposeído, el iletrado, el asalariado y el burgués. Todos son hombres con ideas, prácticas sociales y cultura propia que los convierten en un enigma para el historiador que busca entender su presente. Como el objeto de estudio sufrió una transformación al ser propuesto como una reconstrucción y no una figura inamovible y eterna, las metodologías cambiaron. Es decir, si durante el siglo XIX al hombre se le redujo a personaje mítico –siempre y cuandofigurara como una persona relevante en el ámbito político y/o militar- para localizar su nombre en actas, decretos, leyes o todo aquel documento de carácter institucional, la Escuela de los Annales lo reformuló para estudiarlo a través nuevas fuentes, desde sus palabras, sus actos y sus pensamientos, proponiendo la interpretación como una nueva forma de narrar la historia.

La herencia que dejó esta corriente historiográfica, sin entrar en el dilema de si los historiadores actuales pertenecen o no a ella, no es algo que se pueda enlistar, por el contrario, sus propuestas han permeado la historiografía de hoy en día que puede ser difícil distinguir en qué medida somos partidarios de ella. Lo que sí es evidente es que elementos como la interdisciplinariedad, la apertura a nuevas temáticas y el interés por encontrar nuevas fuentes que nos revelen el pasado vieron en esta corriente su válvula de salida para hacer una nueva historia, capaz de comprender al hombre en su integridad, sin limitarse a los viejos regímenes metodológicos que no teorizaban la disciplina. Una historia que se planteó problemas reales del pasado para entender su presente.