La responsabilidad social del historiador (comentario a un texto de Peter Mandler)

Por Felipe Mera Reyes

Doctorado en Historia

Universidad de Guanajuato

Peter Mandler nació en 1958 en Estados Unidos, actualmente es profesor de historia cultural moderna en la Universidad de Cambridge y presidente de la Royal Historical Society en Gran Bretaña, donde ha desarrollado gran parte de su trabajo académico. Ha escrito acerca de historia política, cultural, social e intelectual, especialmente de los siglos XIX y XX.

En su texto “La responsabilidad del historiador”, Mandler reflexiona sobre la labor de los profesionales de la historia desde un punto de vista sumamente crítico y audaz, intenta delinear la que considera es la real responsabilidad social de nuestra disciplina en los albores del siglo XXI. Reprocha las ideas tan difundidas de la historia como maestra de lecciones morales y prácticas, así como la noción de la historia como fuente de identidad para las sociedades.

Cabe aclarar que el autor indica que no puede haber una única definición de responsabilidad, por tanto sus reflexiones son personales, indicativas y provisionales. Para él, los historiadores tienen responsabilidades especiales, y buena parte de ellas es tener una firme conciencia de su contexto y perspectiva, desde dónde realizan sus respectivas enunciaciones.

Las críticas que el texto contiene son claramente cinco, y apelan a reconsiderar lo que hemos entendido tradicionalmente por “nuestra responsabilidad”. Dichos enunciados pueden resumirse de la siguiente manera:

1.- No es oficio del historiador actuar como la brújula moral de la sociedad, ni siquiera para dar lecciones. Para el autor, moralizar la historia distorsiona la agenda de la investigación histórica y afecta el desempeño de un profesional. Si bien, las cuestiones éticas están presentes en las ciencias sociales y las humanidades, es preciso no exigir al historiador más de lo que en realidad debe y puede darnos al respecto.

2.- No es oficio del historiador ser juez y jurado de la sociedad. Para Mandler, el historiador no está preparado para contribuir a los procedimientos judiciales, en los que se trata de dilucidar la inocencia o culpabilidad de un sujeto, esto sucede porque los tribunales de justicia rara vez están pensando en el « ¿por qué?» de las situaciones controversia. En otras palabras, el sistema judicial busca decidir si alguien es culpable o no, pero no busca explicar el porqué de las acciones de los individuos, y en eso radica la profunda diferencia con el historiador.

3.-No es responsabilidad del historiador dotar de “identidad” a los pueblos. Mandler nos dice que la historia pudo haber tenido esta función, sobre todo con nociones como las de «tradición y costumbre» en momentos que él llama pre-modernos; sin embargo, hoy en día, afirma tajantemente, ya no es posible que sea responsabilidad del historiador dotar de identidades a las sociedades globalizadas. En el siglo XXI, el acceso a la información y a múltiples elementos culturales trae como consecuencia que los individuos tengan una amplia gama de posibilidades identitarias y que de ninguna manera la historia sea la única válida para poder responderse a sí mismos “quiénes son”. No obstante, pienso, que la historia se usa, querámoslo o no, para dotarnos de identidad cultural y social a los pueblos, independientemente de que así lo convenga el historiador. Al menos en el caso de México, nuestra tradición identitaria y de reforzamiento de la misma gracias a la historia, es muy fuerte; quizás en sociedades como Gran Bretaña, desde donde Mandler escribe, este fenómeno se presente de manera distinta, pero tanto en el primer caso como en el segundo, estaremos en el plano de las intuiciones y las generalizaciones sin un real  fundamento cualitativo y cuantitativo. En lo que si he de coincidir con el autor es en que la investigación historiográfica se vería seriamente distorsionada por un profesional que se proponga, desde el comienzo de su labor, escribir historia para crear identidades en otros; ya que ninguna producción histórica deja de ser ideológica, la delgada línea entre la subjetividad consiente y la distorsión en pos de una meta tan compleja como ésta, es muy fácil de cruzar, al menos desde la perspectiva objetivista de la historia.

4.- No pertenece al oficio del historiador tener que ser irremediablemente un buen ciudadano del estado y nación en que trabaja. En este punto Peter Mandler realiza un llamado a la no politización del historiador, y así como considera que el dotar de una identidad a la sociedad desde la cual escribe actúa en detrimento de la labor historiográfica, también considera que la colaboración directa con la política trae consecuencias negativas para los historiadores, ya que no es parte de su formación concreta el desempeñar las funciones del político.

5.- No es responsabilidad del historiador proveer a las “demandas del mercado”. En este último punto el autor critica a la «industrialización cultural y del conocimiento», y también a quiénes consideran que el fenómeno de la globalización sólo puede traer repercusiones positivas para la cultura, el conocimiento y la generación de éste. Mercantilizar la labor de los historiadores es reprobable desde cualquier punto de vista. El conocimiento, si bien es un objeto de consumo cultural hoy en día, el generado por la historia siempre ha buscado escapar a la burda comercialización del mismo. No obstante, este reto es cada vez más omnipresente para el profesional de la historia.

Llegados a este punto, el lector se preguntará por la pertinencia de las críticas de Peter Mandler. Independientemente de que estemos o no de acuerdo, lo que subyace en la propuesta de este autor es un intento de defensa de la labor del historiador, de mantener bien claros los objetivos de la disciplina y de olvidarse de aquellas funciones que resultan secundarias, o dañinas, siguiendo la lógica del autor. No obstante, y Mandler lo sabe, esto nos conduce peligrosamente a una labor historiográfica acorralada, solitaria, sin ningún tipo de contacto real con la sociedad y su realidad. Cuestión que metafóricamente él mismo llama “encerrarse en una torre de marfil”.

La crítica mordaz de Mandler sobre la responsabilidad del historiador, y sus aventurados supuestos, tienen un trasfondo que llama nuestra atención sobre lo erróneo que supondría pensar atemporalmente a la función y la ética de los historiadores. Mandler parece llamar con este texto, a la actualización de una profesión en medio de una realidad global, cada vez más cambiante y distante del siglo XX, cuyo referente aparece una y otra vez a lo largo del texto.

El texto completo aparece en:

Mandler, Peter (2006) “La responsabilidad del historiador”, en Alcores. Revista de historia contemporánea, No 1. La(s) responsabilidad(es) del historiador. Salamanca, Universidad de Salamanca.

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2 comentarios en “La responsabilidad social del historiador (comentario a un texto de Peter Mandler)”


  1. Aunque no comparto la visión de Mandler porque desde mi punto de vista no propone nada profundo, considero que el autor de este texto le hace falta profundizar en su crítica y en su interpretación de texto, porque de otro modo pareciera que es solo una descripción somera de lo que dijo Mandler.

    Saludos

  2. Rosa Martha Randall Says:

    Este tipo de investigadores sociales son cruciales en este siglo el lograr ubicarnos en un contexto real y actual es muy enriquecedor
    Me invita a leer más al respecto


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