“Tú tienes tu historia y yo la mía”: sobre la verdad y la objetividad en Chris Lorenz

Por Felipe Mera Reyes

Doctorado en Historia

Universidad de Guanajuato

En el texto “Tú tienes tu historia y yo la mía”: algunas reflexiones sobre la verdad y la objetividad en la historia Chris Lorenz realiza una defensa de la historia como respuesta a algunos recurrentes argumentos posmodernos, que en la his

toriografía reciente han causado cierta incredulidad hacía la posibilidad de elaborar relatos verdaderos en Historia, y sobre todo han cuestionado la capacidad objetiva de la labor de los historiadores.

Al preguntarnos con el autor ¿existen las historias verdaderas? Indudablemente la primer respuesta es sí, claro que existe la posibilidad de verdad en la investigación histórica; sin embargo, la cuestión va más allá de una respuesta afirmativa o negativa, de acuerdo con nuestra postura en el debate, el problema radica en la interpretación de lo “verdadero” que usemos cuando preguntamos por dicha posibilidad en nuestra labor. Desde luego que no es necesario recurrir al argumento relativista que propone que lo verdadero únicamente es cuestión de la perspectiva desde la cual se juzga algo, ya que debemos considerar que es posible arribar a la construcción de lo verdadero no solamente a través de un camino, sino de varios. Nos dice Chris Lorenz:

“El hecho del que el conocimiento se produzca en situaciones específicas no implica que la validez de las pretensiones de conocimiento sea relativa [siempre]  a esas situaciones” (Lorenz, 2015, p. 199).

El relativismo en Historia es una forma insostenible de reduccionismo de la teoría del conocimiento a, en el mejor de los casos, una sociología del conocimiento. El trayecto de la historia como ciencia, transita por un camino especial, distinto al que por ejemplo cruzan las ciencias naturales, donde la comprobación empírica parece ser el argumento más obvio e inmediato para legitimar la posibilidad de verdad de ellas, pero no es el único camino. La realidad, nos dice Lorenz, no dicta ni determina como debe ser representada lingüísticamente, por tanto son posibles las representaciones verdaderas múltiples.

Por principio es necesario mantenernos alejados de consideraciones sobre la verdad  como un ente existente autónomamente, completamente separado de nuestra realidad, al que se conoce fielmente de acuerdo con los esfuerzos de cada ciencia. Ninguna verdad puede abarcarse completamente, al menos ninguna ciencia o disciplina lo ha logrado demostrar hasta ahora.

Por otra parte también es recurrente la noción de que la historia, a juzgar de los argumentos posmodernos, al no poder elaborar relatos verdaderos, entonces construye “ficciones” y “metáforas” de lo real, de esta manera los textos de la historia son vistos como meras representaciones imaginarias de un pasado imposible de conocer en ningún sentido, el trabajo crítico con las fuentes es olvidado y la subjetividad (desde un punto de vista negativo) es la fuente primordial desde la cual los historiadores interpretan.

Ante esto Chris Lorenz responde que durante el proceso de representación lingüística de cualquier hecho, siempre se agregan nuevos elementos, no obstante dicha característica no podría invalidar la pretensión de verdad de la historia puesto que sucede en todas las áreas posibles de conocimiento. Todo lenguaje, incluido el descriptivo que las ciencias naturales usan, tiene una dimensión metafórica. Es cuestionable pensar que la verdad básicamente significa una correspondencia entre la realidad y su representación. Si los posmodernistas declaran la existencia omnipresente de la ficción, entonces no es posible hablar de verdad en sí, en ningún caso, ya que sólo podemos entender lo ficticio en oposición a lo verdadero.  Los posmodernistas entonces deben ser escépticos, nos dice Lorenz, incluso de lo que entienden por verdadero y falso. Nociones como ficción, mito e ideología solo tiene sentido frente a nociones contrarios como hecho, ciencia y verdad.

Otra cuestión relativa al debate posmoderno y la historia es la que concierne al “objetivismo versus relativismo”, por una parte tenemos que la Historia se guía sólo por la búsqueda de la verdad, y por otra que la Historia se condiciona (siempre) por influencias culturales, políticas e ideológicas, como un discurso al servicio de la transmisión de determinado “poder”. El posmodernismo no ha logrado superar esta oposición, que para los historiadores aparece cada vez menos conflictiva, ya que arroja mucho más utilidad poseer la conciencia de dónde está ubicado el historiador como individuo y desde donde estaban ubicadas las fuentes a partir de las cuales se aproxima éste a una realidad pasada. Lorenz declara que el posmodernismo posee argumentos que han sido exageradamente deformados, de ahí que sean insostenibles. En otras palabras, acepta parte que la crítica posmoderna no es errada del todo, pero si exagerada.

Para este autor, objetividad es el “resultado colectivo de respetar la reglas metodológicas de la disciplina, imparcialidad, desapego, critica mutua y ecuanimidad. Estas condiciones de la objetividad son sociales e individuales al mismo tiempo” (Lorenz, 2015, p. 203). No es lo mismo objetividad que neutralidad, entonces se puede ser objetivo sin ser neutral, es decir tomando una posición ideológica, ya que la identidad y la práctica histórica siempre están relacionadas, y en substancia la objetividad se obtiene de seguir con rigurosidad el método científico.

Finalmente Chris Lorenz nos invita a no olvidar tres cosas que ayudan a superar lugares comunes en el debate entre la posmodernidad y la historia:

1.- Las representaciones históricas siempre suponen construcciones de identidad, ligadas indisolublemente a elementos ideológicos y culturales

2.- Siempre es posible desarrollar varias representaciones de la misma historia desde diferentes perspectivas, entonces siempre es posible realizar elecciones sobre lo que consideramos “verdadero”

3.- Las elecciones de los historiadores se relacionan con sus propios ideales políticos y con su política de identidad. No obstante, las elecciones no son arbitrarias, ya que para ello existen las consideraciones empíricas, es decir, la evidencia, que puede demostrar lo errado o acertado que es posible estar. La historia legitimadora e instrumental se diferencia de la historia científica precisamente cuando en la primera, la evidencia y el método se supedita a los intereses particulares y no universales de la verdad (Lorenz, 2015, p. 2015)

Bibliografia:

Lorenz, Chris. “Tú tienes tu historia y yo la mía: algunas reflexiones sobre la verdad y la objetividad en la historia” en: Entre filosofía e historia, volumen 1: exploraciones en filosofía de la historia, Buenos Aires, Prometeo Libros, 2015

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