La evidencia como pensamiento del hecho histórico y la fuente como tratamiento del acontecimiento en la historia.

 

Por Juan Camilo Riobó Rodríguez

Doctorado en Historia

Universidad de Guanajuato

En la práctica histórica, se asocia la fuente como el documento inductor de los eventos pasados a través del ejercicio interpretativo del historiador. En los cuales el hecho histórico toma forma inteligible en su enunciado de representación, cuando la acción es figurada por la cognición del sujeto histórico y su referente en el análisis del investigador. Este es un proceso de denominación en que el evento es cargado de sentido, cuyo tratamiento sugiere la construcción de hipótesis para validar las fuentes en función de lo real y verosímil.[1]

Este ejercicio implica que el historiador establezca una estructura de interpretación sobre el acontecimiento, abordando la evidencia en su dimensión de vestigio y documento configurador del pasado. En esta idea de conceptualizar los métodos y los objetos en la disciplina histórica, el artículo de Leon J. Goldstein,[2] “Evidence and Events in History”, es un revelador del sentido cognitivo del historiador al abordar los materiales del pasado, desde el pensamiento epistemológico y la supuesta irrelevancia de lo subjetivo en la explicación histórica. Goldstein señala que antes del encuentro con las fuentes para la construcción del hecho, el historiador realiza una lectura cognitiva de las evidencias y pruebas del pasado. Es un proceso en el que a través de hipótesis, la evidencia va tomando prevalencia en las distenciones lógicas que posibilitan la clasificación y el tratamiento de las fuentes.[3]

Para este filósofo de la historia, la evidencia es un compendio metodológico ligado al pensamiento del historiador, donde el investigador y los sujetos históricos son irrelevantes al hecho y no interfieren en la escritura histórica, pues su tarea es la de generar hipótesis y clasificar objetos.[4] Esto hace pensar en una ley genérica en la disciplina para abordar los eventos en un univoco proyecto procedimental de interpretación, idea que es rebatida por Goldstein al mencionar que esta operación analítica de las evidencias, obedece a la anomia teórica de los vestigios racionalizados por el historiador, es decir, que la existencia de las evidencias es natural y no depende de un cuerpo particular de leyes.[5] En síntesis, la propuesta de este autor es entender la evidencia como una reflexión epistemológica producida por el escritor histórico, negando la subjetividad del autor por la ausencia del determinismo metodológico y la preponderancia de los documentos como hechos históricos naturales.

La tesis de Goldstein es sobresaliente a nivel teórico en la categorización de los vestigios, base hipotética que contribuye a organizar y estructurar las evidencias recolectadas por parte de los historiadores. Con respecto a la subjetividad y su irrelevancia en los eventos del pasado, su argumento puede cuestionarse por ignorar los significantes de la experiencia histórica, descuidando la interpretación de los documentos en el presente, con la multiplicidad de los contextos y los horizontes del historiador. En concreto,  la dificultad de concebir una historia sin la significación de los sujetos es difícil de entender, allende de una disciplina configurada por las relaciones colectivas e individuales en la sociedad.

 

Si las evidencias solo hacen parte de un repositorio único de la realidad, la cuestión deja al margen la perspectiva epistemológica del historiador y su contacto con el pasado, limitando el oficio de interpretación de los documentos. Por ejemplo, los objetos y artefactos, tienen un código de sentido que es significado por el historiador a través de sus herramientas teórico analíticas, esto hace que floreros, monedas, espadas, epistolarios, cordeles, entre otros, sean elementos abordados en la investigación histórica. Evidencias configuradoras de hipótesis que explican los acontecimientos en vestigios, como huellas subjetivas que son tratadas por el lente del historiador.

Finalmente, la evidencia no puede ser reducida a un simple dispositivo de interpretación, es una compleja operación cognitiva en el que el objeto debe ser arropado conceptualmente y metodológicamente por el historiador. Con las baterías puestas en teorizar los materiales del pasado en las hipótesis que se infieren de las fuentes y, en la concepción histórica de los acontecimientos desde el sujeto investigador e histórico.

[1] Aron, Raymond, Introducción a la filosofía de la historia, Buenos Aires, Losada, 2006, pp. 367 – 373.

[2] Goldstein, Leon J, Evidence and Events in History, Press Philosophy of Science Association, University of Chicago, Philosophy of Science, Vol. 29, No. 2 (Apr., 1962), pp. 175-194.

[3], Aron, Raymond, Evidence and Inference in History, On Evidence and Inference, Published by:  on behalf of MIT Press American Academy of Arts & Sciences Stable (1958), pp. 11-39.

[4] Goldstein, Evidence and Events in History, 191 – 193.

[5] Goldstein, Evidence and Events in History, pp. 190 – 191.

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