La practicidad social y cultural de la historia: de la magistra vitae a la labor crítica.

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Por Larisa González Martínez

Doctorado en Historia

Universidad de Guanajuato

En el campo de la Historia la influencia de Marco Tulio Cicerón fue notoria, haciéndose sentir hasta la Edad Media y el Renacimiento, pues es por él que la Historia adquirió dos responsabilidades que le acompañaron durante varios siglos haciendo sentir su peso incluso hasta la actualidad: El compromiso de decir siempre la verdad dejando de lado todo propósito de falsedad y su deber como “maestra de vida” (LeGoff, 2005, p. 113).

Este último concepto llama especialmente la atención por el énfasis que hace en la repetición de lo ejemplar como resultado del esclarecimiento del presente a través del estudio y la comprensión del pasado (Jiménez Marce, 2012, p. 221).  En este tipo de noción sobre la Historia existe un “ideal pedagógico” unido permanentemente a la idea de que los acontecimientos históricos se repiten (Palti, 2012, p. 227) inexorablemente.

Sin embargo, con el paso del tiempo la Historia se transformó en una disciplina académica fuertemente establecida, cuya naturaleza quedó estrechamente ligada a la idea de Ciencia.  De hecho, es debido a esto que incluso se creó el vocablo de Ciencias Históricas para referirse a un tipo de Historia muy diferente a la que se venía elaborando desde la Antigüedad (Moradiellos, 1994, p. 1).

Con la llegada de esta nueva concepción de la Historia, la disciplina perdió su supuesta utilidad de “predecir el futuro” (con relación a esto el historiador Enrique Moradiellos menciona que la Historia más bien “postdice el pasado”) y su calidad de maestra de vida de modelos de conducta infalibles y “portadora de lecciones y enseñanzas prácticas y repetibles en circunstancias históricas posteriores” (Moradiellos, 1994, pp. 13 y 15).

No obstante, es un hecho que la Historia tiene una función social y cultural, pero de un orden distinto a como se venía haciendo desde tiempos muy antiguos.  Esta utilidad está íntimamente ligada a “la exigencia operativa en todo grupo humano de tener una conciencia de su pasado colectivo” (Moradiellos, 1994, p. 13), la cual es un elemento ineludible de su presente y de otros aspectos de la realidad social como su propia dinámica, las instituciones, los sistemas de valores, las tradiciones, las ceremonias y, sobre todo, sus relaciones con el entorno físico y con otros grupos humanos (Moradiellos, 1994, p. 13).

La perspectiva es clara: las ciencias históricas proporcionan un sentido crítico de las identidades operativas antes mencionadas (ya sean individuales o sociales), exponen los inicios y el génesis del presente dando luces sobre las circunstancias de su gestación y permiten explicar la evolución de las sociedades humanas presentes y pasadas (Moradiellos, 1994, pp. 15-16).

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Pero lo más importante de la función social y cultural de la Historia es que ésta realiza “una labor crítica fundamental” respecto a otras disciplinas o formas de conocimiento llevadas a cabo por el hombre, al impedir que se haga referencia del pasado sin considerar las aportaciones y resultados de la investigación empírica (Moradiellos, 1994, p. 16).  En este sentido, las ciencias históricas son un contrapeso, e incluso una defensa contra la “metafísica seudohistórica” y formulaciones arbitrarias o indemostrables o, como diría Enrique Moradiellos, “la razón histórica pone límites críticos infranqueables a la credulidad y fantasía mítica sobre el pasado del hombre y las sociedades” (Moradiellos, 1994, p. 16).

Así pues, las ciencias históricas contribuyen a la “supervivencia de la conciencia individual racionalista” (Moradielos, 1994, p. 16).  Debido a esto, no es posible aceptar la existencia de un ciudadano crítico consciente de su papel cívico pero sin una conciencia histórica plenamente desarrollada, que le permita plantear críticamente las cuestiones públicas (Moradiellos, 1994, p. 16), muchas de las cuales se fundamentan en mistificaciones o errores de los hechos históricos.

 

En fin, no cabe duda que, más allá de las cuestiones científicas, la utilidad y la practicidad de la Historia son un campo sujeto a muchas reflexiones, especialmente cuando de los aspectos sociales y culturales se trata.

Bibliografía:

Jiménez Marce, R. (2012). François Hartog, Regímenes de historicidad. Presentismo y experiencias del tiempo. Universidad Iberoamericana, México, 2007, 243 pp. (El Oficio de la Historia). Secuencia. Revista de historia y ciencias sociales. (82), 219-223. Recuperado el 1 de abril de 2016 de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=319128357014

LeGoff, J.  (2005).  Pensar la historia: modernidad, presente y progreso. México: Paidós.

Moradiellos, E.  (1994).¿Qué es la Historia?  El Oficio de Historiador.  México: Siglo XXI.

Palti, E. J. (2012). La historiografía militante “ponderada” y su método.  Prismas – Revista de Historia Intelectual.  16(2), 221-230. Recuperado el 1 de abril de 2016 de http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=387036815013

Crédito de imágenes:

Historia magistra vitae: http://fraszki-ulotki.info/2015/09/historia-est-magistra-vitae.html

Manifestantes: http://www.animalpolitico.com/2014/02/preguntas-para-entender-las-protestas-en-venezuela/

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