CREENCIAS Y PASOS EN EL MUNDO. LA COMPLEJIDAD DE UNA EXISTENCIA SIMBÓLICA.*

Por: Alejandro Meza.

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios).

Universidad de Guanajuato.

            Lo que habita en nuestra mente difícilmente se corresponde con nuestras acciones. Somos seres sociales, arrastrados por culturas longevas que nos brindan pertenencia a cambio de respeto. De nuestros pasos en el mundo, las instituciones pueden dar cuenta de ellos, pero a nuestras creencias es difícil clarificarlas, encontrarles su origen, seguir sus modificaciones. Esta labor es la pretendida por la historia de las mentalidades.

Tenemos un mundo social diverso, terriblemente decantado hacia un capitalismo voraz, pero aún así diverso. Las culturas se modifican para sobrellevar la condición económica de dominio ejercida por unos cuantos humanos en el poder. Nuestros padres y nuestros abuelos podrán decirnos que no siempre fue así. Que en otros tiempos había quienes se oponían al capitalismo despiadado. Que antes había verdaderos marxistas, que buscaban el bien social y no el capital.

Desde noviembre de 1989 estos discursos suenan a ficción. A utopía. A una historia de un mundo distante. El marxismo ha de sobrevivir en menor escala, entre universidades de países capitalistas. Y ahí seguirá su contienda, acotada y de baja expectativa. ¿Por qué fracasó el socialismo? No tengo respuesta alguna, tan sólo algunas especulaciones. No creo que, en los hechos (los métodos, los conceptos, las acciones específicas), el marxismo fuera débil ante el capitalismo; considero que fue en el territorio de las creencias donde perdió su batalla.

La oposición teórica por excelencia entre socialistas y capitalistas se da a través de dos pensadores alemanes: Karl Marx y Max Weber, respectivamente. También se les etiqueta como materialista al primero e idealista al segundo. Opuesto a toda metafísica, para Marx, el motivo de las creencias es ejercer dominio sobre los bienes materiales. Así, la clase en el poder lanza una ideología que justifique la acumulación y el acaparamiento de la riqueza.

Para Weber el sistema es inverso. Es la idea, la creencia, la que determina la relación con el mundo material. Al menos así lo plantea en su libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Según Weber, el surgimiento del capitalismo se debe a la peculiar relación de los burgueses calvinistas del siglo XVI y XVII con Dios y con su realidad existencial.

La religiosidad de este particular grupo de personas sostenía que nadie se salva o se condena por sus acciones. Dios ya ha decidido quien goza la gloria y quien se pudre eternamente. Lo que le corresponde al sujeto es saber de qué lado está, y para esto ocupa su “ser en el mundo”; es decir, la existencia le revelará su destino ya trazado. A una mayor laboriosidad en el trabajo, relación profesional con la comunidad y producción de riqueza que se reinvierte, revelación de estar entre los salvados. Para cuando el obsoleto dios del siglo XVIII dio paso a la ciencia y al surgimiento de la idea de progreso, los hábitos de producción continuaron, arraigados en un modo de vida que continuó el capitalismo.

Sin ser una obra propia de la rama denominada historia de las mentalidades (término acuñado en 1960), la obra de Weber arroja condiciones interesantes para el capitalismo actual y las creencias que lo sostienen. El mundo y su apropiación simbólica están íntimamente asociados, incluso podemos ir más lejos y pensar que son una sola entidad. Es decir, que sólo a través de la condición específica de nuestras creencias es cómo podemos relacionarnos con la existencia, incluso si esa creencia es de corte marxista.

No es que “la existencia preceda a la esencia” como sostenía Sartre. O tampoco lo contrario. No es Marx o Weber. Capitalismo o Socialismo. La pregunta no es por el origen, es por la perspectiva. Toda observación es un sesgo, es una discriminación. La realidad es compleja. No hay verdad como esencia, tan solo verdades construidas. La historia que se aproxima a las creencias, que estudia las ideas, la historia de las mentalidades, tiene amplias posibilidades de relacionar los hechos con lo que les simboliza a quienes los realizan.

Lo que habita en nuestra mente difícilmente se corresponde con nuestras acciones; sobre todo si son otros los que definen lo que hacemos, tratando de encasillarlo en sus particulares visiones de la existencia. Somos seres sociales, arrastrados por culturas longevas que nos brindan pertenencia a cambio de respeto; culturas que se han formado simbolizando su existencia de una manera singular, y que no pueden seguir al individuo, pues –como lo ha dicho Schopenhauer- sólo el individuo da cuenta de la relación precisa con la vida. De nuestros pasos en el mundo, las instituciones pueden dar cuenta de ellos, pero a nuestras creencias es difícil clarificarlas, encontrarles su origen, seguir sus modificaciones; actos similares significan de forma diversa, la existencia no está exenta de contradicción o conflicto. Estudiar esta complejidad de nuestra existencia simbólica, es la labor pretendida por la historia de las mentalidades.

*Basado en el texto: “Introducción a la historia de las mentalidades” del doctor en historia Sergio Ortega Noriega.

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