CONTRA EL ETERNO RETORNO INCONSCIENTE.*

Por: Alejandro Meza.

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios).

Universidad de Guanajuato.

            Imaginemos por un momento habitar las ideas más radicales de Nietzsche. Seremos lo que somos ahora, una vez más, y otra vez más, y otra vez más, y otra vez más. El universo, limitado en materia y energía, dará sólo unas cuantas combinaciones de existencia, en realidad un número inimaginable, pero no eterno. Lo eterno está reservado para las repeticiones de esas combinaciones. ¿Quién estará ahí para contarlas? ¿Acaso el tiempo? Salgamos de Nietzsche.

Imaginemos ahora que la vida la explica Freud con su psicoanálisis. Nuestra vida es un eterno retorno de nuestros años de infancia. Todo cuanto aprendimos hasta los 4 o 5 años “forman nuestra vida”. Después sólo tendremos variaciones de adaptaciones de reinterpretaciones de lo mismo. Una, y otra, y otra, y otra vez. ¡Cuánta responsabilidad para los padres, hermanos mayores, maestros de preescolar y programas infantiles! Alejémonos lo más posible de Freud.

Imaginemos ahora nuestro mayor dolor. No importa la edad cuando lo vivimos. Recreemos por un instante aquella experiencia que trastornó nuestra idea de la vida, del mundo, del amor, y probablemente de Dios. ¿Qué pensaríamos si alguien nos dijera que estamos condenados a repetirla, y que toda nuestra vida se podrá explicar a través de dicho “trauma”? Ese “alguien” es Rudolph Binion.

La psicohistoria pretende explicar todos los sucesos históricos a través de la repetición inconsciente de los traumas psicológicos de los individuos y de los grupos sociales. Para esta corriente histórica, el dolor de un instante puede ser tan grande, que no habrá mecanismos psicológicos, ni socio-culturales, que lo resuelvan, condenando al sujeto a repetir el mismo trauma, una y otra vez, en una búsqueda infructuosa por resolver aquel terrible dolor originario.

Y todo ocurre en ese “rio subterráneo” que han denominado inconsciente; por eso “no sabemos por qué hacemos lo que hacemos”.

Ahora bien, Nietzsche nunca dijo que el eterno retorno fuera opcional. Al contrario, lo considero una carga pesada, una verdad estremecedora, a la cual sólo es posible enfrentar aceptándola sin reservas, entregándose al gozo de la renuncia de escapar. Tampoco Freud planteó el psicoanálisis con salidas de emergencia. La explicación del médico austriaco fue, en su momento, un sistema acabado, completo y cerrado de explicación psicológica del humano.

Fiel a la tradición determinista, el historiador neoyorquino Rudolph Binion, planteó la psicohistoria como la única forma válida de hacer historia, ya que el resto de las posturas serían incompletas. Binion menciona “Determinar la ‘causa psicohistórica’, como veremos, es determinara la causa total” (25).

Y nos ofrece un ejemplo áspero y de aristas afiladas: Hitler y los alemanes.  Para Binion, la invasión a Polonia en 1939, por parte del gobierno nazi, no fue para la expansión territorial de Alemania hacía el este, con el fin de derrocar a los rusos, y extender el espacio vital del pueblo germano. Binion sostiene que esa postura “se las vendió” Hitler a los alemanes, pero lo suyo, lo suyo, era acabar con todos los judíos de Europa. Los alemanes intentaron eliminar a los judíos de Europa, pero esta política llamada “Solución final del problema judío” fue consensada por varios dirigentes nazis, entre 1941 y 1942.

¿Por qué Hitler utilizó al pueblo alemán para destruir a los judíos? Para vengar la muerte de su madre a manos de un médico judío. Binion sostiene esta tesis, diciendo que el trauma psicológico esencial de Hitler fue la muerte de su madre, envenenada con altas dosis de yodoformo, a manos de un mal médico judío que la trataba de cáncer de seno, en 1907.

Para Binion, Hitler inconscientemente recreó la muerte de su madre cuando sufrió los efectos de gas mostaza, participando en la primera guerra mundial. El recordar la muerte de su madre a través de su propia intoxicación le hizo asociar al veneno del médico, con el veneno del comportamiento judío, a quienes culpa (junto a los marxistas) de la derrota alemana en la gran guerra. Así que vengar a Alemania es vengar a su madre.

Pero, ¿por qué le hicieron caso los alemanes? Porque, según Binion, los alemanes tenían su propio trauma que querían volver a vivir para ver si podían resolver: la derrota terrible de la primera guerra mundial. Hitler llegó en el momento preciso en el que los alemanes necesitan un líder poderoso y decidido, para “sanar” el trauma de la guerra pasada… y el resto ya lo conocemos.

Imaginemos ahora los peligros de explicaciones históricas y sociales basadas en móviles inconscientes, en donde las experiencias traumáticas son superiores a toda forma de resolución del individuo. Comenzaremos a buscar –con un morbo atroz- las pequeñas o grandes vivencias dolorosas de todas las figuras públicas o de todas las culturas (actuales o pasadas), con el fin soberbio de explicar –de una vez y para siempre- el porqué de su comportamiento, un comportamiento cíclico, un comportamiento inevitable.

¿Saben que? Mejor no lo imaginemos.

*Basado en el texto: III. El estudio psicohistórico de los gruposen Introducción a la psicohistoria, de Rudolph Binion. México, FCE, 1986.

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3 comentarios en “CONTRA EL ETERNO RETORNO INCONSCIENTE.*”

  1. Solrac Says:

    Ah!, la historia es tan rica para especular. Se podría decir que para el pueblo, Hitler era un caudillo; y como tal les podía imponer su propia ética. Pero para su estado mayor militar, tan solo era un jefe o cabecilla (si no no hubiera habido tantos actos de traición y atentados), y éstos tenían otra agenda que no era la judía, sino la de acceso al petróleo (base del poder moderno).

  2. Mariana Says:

    ¿Qué los hombres tienen traumas? Sí, es cierto ¿Qué los pueblos y naciones tienen traumas? Sí, también lo es. Pero basarnos en las afirmaciones anteriores para hacer una investigación histórica, me parece, es atribuir una característica de finitud al transcurrir de la existencia, cuando ni siquiera a terminado el tiempo de la misma. Es decir, siempre puede pasar otra cosa peor que aquella a la que estemos estudiando, siempre puede haber un “trauma” más doloroso que el anterior. Consideremos que antes de la Segunda Guerra Mundial, las personas no creían que algo más terrible que la Primera Guerra Mundial pudiera pasar, y pasó…nosotros creemos que no puede pasar nada peor que la Segunda Guerra Mundial pero, ¿acaso no podría pasar? La Historia es complicada por varias razones pero la libertad humana es sin duda uno de sus factores más agravantes, no dudemos jamás que así como somos capaces de cosas excelsas también lo somos de atrocidades…lo peor aún podría pasar.

  3. Miriam Aboytes Says:

    Me parece muy interesante este tipo de análisis que se plantea en la psicohistoria, pero al tratar de sumergirse en la mente de un solo individuo, en este caso Hitler, ¿ es posible que se puedan encontrar no solo uno, sino muchos y cada vez peores traumas que el anterior? Creo que el hombre tiende a ser fatalista en cierto modo al querer imaginar que siempre puede ocurrir algo cada vez peor y como resultado tenemos a la psicohistoria; y a lo largo de la lectura me surgió la duda si ¿la psicohistoria va de alguna forma relacionada con la historia contrafactual?


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