DE LA RECOPILACIÓN A LA CONSTRUCCIÓN DE LOS DOCUMENTOS: LOS RETOS DE LA HEURÍSTICA.

Por: Luz Antonia Miranda Félix.

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios)

Universidad de Guanajuato.

En la ciencia histórica la heurística se ha entendido como el proceso de descubrimiento y recolección de fuentes que sirven de materia prima para la investigación.  Henri-Hirénée Marrou (1999:60) la define como “la caza del documento”, como un procedimiento que implica reglas, instrumentos de trabajo y habilidad.  El término proviene del verbo griego “eurisco” que significa, por un lado, arte de inventar, y por otro, búsqueda de documentos. (Matute, 2001:149) Varios historiadores han rechazado la primera connotación, sobre todo por lo que implica el hecho de “inventar”, pero otros tantos, han reconocido, hasta cierto punto, que la heurística es un arte en el sentido de creación o construcción. El mismo Marrou habla de la heurística como un arte, como una habilidad del historiador para buscar las fuentes pertinentes para su trabajo de investigación.

El término heurística ha tenido su propia historia y su uso ha estado ligado a los diferentes paradigmas historiográficos. El primero que hizo circular el término, en el ámbito de la historia, fue el historiador prusiano Johann Gustav Droysen, quien concibe a la heurística, como “el arte de buscar los materiales necesarios” para resolver la pregunta investigante. (Matute, 2001:150-151). Para Droysen, el arte de buscar documentos, estaba limitado por la pregunta de investigación, es decir, se trataba de buscar sólo el material “necesario” que después sería interpretado.  Esta concepción distó mucho de la que después tomarían los positivistas o los metodólogos como Langlois y Seignobos, quienes también pusieron gran énfasis a la heurística, pero en un sentido más cuantitativo.

Para los metodólogos, la historia se hacía con documentos. El documento era el medio trasparente para acceder al pasado, era “una ventana abierta de acceso directo a la realidad” (Ginzburg, 1991:83). El documento adquirió una connotación fetichista, nada podía suplir al documento y sin él no había historia. Es por ello que la recolección de documentos (antes actividad de anticuarios y eruditos) pasó a ser la tarea principal del historiador. Para los metodólogos, entre más documentos recopilados existieran, mejor oportunidad tenía el historiador para conocer la realidad, tal como había ocurrido. La historia en sí misma, era el documento, donde no existía tal, no podía haber conocimiento de lo histórico.

Con la escuela de los Annales, se desmitificó el carácter contundente del documento para la historia. Lucien Febvre mencionaría: “la historia se hace con documentos escritos, sin duda, cuando los hay. Pero puede y debe hacerse con todo lo que el ingenio del historiador le permita utilizar.” Con esta aseveración, la historia ya no estaría sujeta al documento, sino a la habilidad del historiador por buscar nuevas fuentes. De alguna manera, se regresaba a la noción de heurística como arte, en el sentido de creatividad. Esta ingeniosidad del historiador, nos dice Henri-Irénée Marrou (1991: 58-62) no radica sólo en el arte de descubrir nuevos documentos, sino en saber qué documentos se han de buscar, o qué documentos ya sumamente revisados, pueden ser redescubiertos con otras preguntas.

En general, la historiografía actual ha intentado desapegarse de la visión de la heurística como simple acumulación de documentos, para acercarse más, al estilo de Droysen, a la unión de la pregunta investigante con la búsqueda del material para responderla. No se trata ya de hacer historias informativas con carencia de preguntas de investigación, sino en plantear nuevas preguntas que motiven a la búsqueda de nuevas fuentes. Esto implica un gran reto para la heurística, la cual de acuerdo a Matute (2001: 156-160), no se ha desarrollado lo suficiente en el siglo XX, pese a que se han ampliado enormemente los materiales con qué trabajar, sobre todo en lo referente a la historia contemporánea, y en donde queda aún por explotar fuentes como las audiovisules.

Por otro lado, la mayoría de los historiadores actualmente hablan más de construcción que de recopilación de las fuentes. El término construcción implica una nueva manera de ver el documento, una en la que el documento ya no sólo es lo que contiene físicamente en escrito, sino sobre todo, lo que el historiador es capaz de ver en él. Esta nueva concepción la encontramos por ejemplo en  Marrou (1991: 62)  quien define al documento como “toda fuente de información de la que la ingeniosidad del historiador sabe extraer algo para el conocimiento del pasado humano, considerado desde el ángulo de la pregunta que se ha planteado”.  En este sentido, un documento es “en la medida en que el historiador puede y sabe comprender algo” (Marrou, 1991: 67).  La unión documento-historiador, es otro reto heurístico que se ha de resolver, en un medio, donde todavía hay rescoldos de una historia tradicional que mantiene vigente la visión de documento, como realidad independiente a la interpretación del historiador.

En síntesis, como menciona Matute (2001: 160) actualmente no sólo es necesario catalogar las nuevas fuentes que están surgiendo para la historia, sino  también plantear cómo hacer buen uso de ellas. Aún cuando tengamos ahora fuentes que pudieran parecer espejos de la realidad, como las audiovisuales, éstas no hablan por sí solas. El historiador las tiene que someter a crítica.

Bibliografía:

Ginzburg, Carlo (1991), “Checking the Evidence: The Judge and the Historian” en Critical Inquiry, vol 18, No. 1, pp. 79-92.

Matute, Álvaro (2000), “Heurística e historia” en Ambrosio Velasco Gómez, El concepto de la heurística en las ciencias sociales y las humanidades, México, Siglo XXI/UNAM.

Marrou, Henri-Irénée (1999) “La historia se hace con documentos”, en El conocimiento histórico. Barcelona, Idea Universitaria.

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3 comentarios en “DE LA RECOPILACIÓN A LA CONSTRUCCIÓN DE LOS DOCUMENTOS: LOS RETOS DE LA HEURÍSTICA.”

  1. Mario Soriano Says:

    En buena parte la riqueza actual del trabajo del historiador ha sido posible gracias a que hemos dejado atrás la idea de documento que, en su momento, propusieron historiadores como Ranke, Langlos y Segnobos, los cuales únicamente dieron la calidad de fuente a todo aquello que tuviese un sustento escrito. En general me siento fuertemente identificado con la propuesta de Marrou, quien nos amplía la noción de documento, pero lo que me resulta más destacable es que las fuentes que utilicemos para nuestras investigaciones dependerán en muy buena medida de nuestro ingenio, pues, como indica Carlo Ginzburg, la evidencia nunca la vamos a encontrar a nuestro gusto, siempre debemos echar mano a nuestras capacidades para sacar información en donde otros no la han podido ver. Y una vez hechos con la información hay que interpretarla, es aquí donde el historiador hace su aporte y no en mostrar la utilización de una gran cantidad de documentos escritos.

  2. Carlos Saldaña Says:

    La diversidad de fuentes es muy útil para el historiador, en la época actual las nuevas fuentes nos proporcionan un mayor conocimiento, pero a la vez un mayor numero de interpretaciones, es ahí donde el historiador tiene que emplear el ojo crítico y seleccionar las fuentes, ademas de que cada fuente se puede interpretar de formas distintas, y esto recae en el historiador.

  3. Mariana Perea Says:

    El que en la actualidad se considere que los documentos históricos puedan serlo en tanto a la capacidad del historiador para extraer de ellos información y nociones del pasado, abre un nuevo reto para los estudiantes, y también los profesionales, de historia. Ahora debemos entrenar nuestras capacidades para que estas puedan reconocer vestigios pasados en cualuier lugar y forma, pero también implica acrecentar nuestra capacidad empática para poder encontrar fuentes más diversas o preguntas diferentes


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