LA POSIBILIDAD DE CONJETURAR (POSIBILIDADES).

Por: Rafael O. Mojica G.

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios).

Universidad de Guanajuato.

Tanto el historiador como el juez, la comparación que retoma C. Ginzburg, tienen que tratar con la realidad, vaya problema. ¿Cómo acceder a esa realidad que parece incuestionable? El camino pasa por la problematización y la duda que exige una fundamentación.

 Lo judicial y lo histórico necesitan dar una explicación de un hecho pasado en donde entra el abanico de posibilidades de interpretación que van de entre lo que fue y no fue con sus probabilidades intermedias. Para tomar la más factible se requiere del cuerpo del delito para sentenciar, aunque la sentencia para uno y otro tengan funcionalidades radicalmente diferentes. Y es entonces cuando salta la evidencia como un punto sobre el cual se podrá atar la explicación.

La evidencia no es tan evidente. Para el positivismo la prueba era equiparable a la verdad, por lo que era una “ventana abierta para acceder a la realidad”, a esta casi ingenuidad se le opuso un positivismo inverso que consideró al documento como un muro que bloqueó la realidad, pero ambos caían en esa falta de cuestionamiento al nexo entre prueba y realidad (pp. 16-17). Pero si la evidencia no es ventana ni muro debe de ser algo y lo que es, es un problema, es un cuestionamiento sobre la casa misma, siguiendo la analogía arquitectónica.

Ya sea que se tome a la historia como explicación o como comprensión, ambas se fundamentan en una evidencia que las posibilita, que no es dada, sino que es resultado del trabajo del historiador. Parece una contradicción tomar como base (el historiador) al edificio en sí (las perspectivas del sujeto sobre el sujeto de estudio, es decir, sujetos), pero esa es la peculiaridad y el problema.

Entre la realidad y el historiador (que es realidad misma) está la evidencia problemática donde por medio de inferencias (una operación del sujeto) se generan conjeturas que acercan al historiador a lo real. Esto dentro de dos marcos de referencia: el del tiempo del historiador y el del tiempo en que se hizo la evidencia, a los que quizá habría que agregar un tercero: el del tiempo entre esos dos marcos que permitió la supervivencia de la evidencia, las otras partes de la cadena. Estos marcos pueden tener una continuidad (conceptos, ideas semejantes) pero también puede ser un choque y presentársenos el pasado tan irreconocible y tan reacio a ser amoldado a conceptos presentes.

Entonces entra el juego de las posibilidades porque entran en juego tantas variables que impiden una única posición: el historiador y su subjetividad, los marcos, la evidencia, las escuelas, etc. ¿Cuál será la conjetura a elegir? No hay conjeturas correctas, por lo que se puede desechar la opción de enfocarse a lo correcto, lo que hay son probabilidades y la verdad es diferente a la posibilidad aunque haya semejanza (lo más probable puede ser verdadero, pero no lo es).

“El contexto concebido como un espacio de posibilidades históricas, ofrece al historiador la posibilidad de completar la evidencia –que a menudo sólo son fragmentos dispersos– sobre la vida de un individuo” (p. 22) señala Ginzburg. Entonces las probabilidades no son infinitas, sino ajustadas a ese espacio contextual, conjeturar tiene sus límites y estos los provee la evidencia.

Este texto está basado en Carlo Ginzburg “Revisar la evidencia: el juez y el historiador” publicado en Revista Historias. No. 38. Abr-Sep. 1997, Dirección de Estudios Históricos, INAH, México.

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2 comentarios en “LA POSIBILIDAD DE CONJETURAR (POSIBILIDADES).”


  1. Siempre muy interesante tus reflexiones. Un saludo, muy bueno el blog.

  2. Miriam Says:

    Entonces si no hay conjeturas correctas, entonces las probabilidades y posibilidades de que algo hubiese pasado de una u otra manera tampoco son correctas, ya que nos basamso en estas para poder armas una conjetura, no? En todo caso creo que utilizar este tipo de herramientas para poder llenar huecos en la historia, y poder entender un poco más algunos hechos históricos nos son útiles, siempre y cuando no se abuse de ellos.


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