LAS RAMAS DEL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO VUELVEN A CRECER Y A SER PODADAS.

Por Gerardo Morales Jasso.

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios).

Universidad de Guanajuato.

Las ramas del conocimiento se desarrollaron, como había pasado antes de la Enciclopedia, pero aquellas ya no se podían sustraer a su influencia, de modo que las ramas ideales de la Enciclopedia comenzaron a tener su desarrollo real con el devenir de la intelectualidad europea: algunos elementos que estaban en la rama de la razón pasaron a estar en las de la memoria y la imaginación, también surgieron nuevas ramas y se podaron otras tantas.

La especialización disciplinar surgió del proceso de institucionalización de las disciplinas. Y aunque esto permitió la mayor producción de conocimiento; también colaboró en que se fueran distinguiendo más las ramas, incluso de las que parecían más próximas, en vez de enfatizar sus similitudes: “La creación de múltiples disciplinas se basaba en la creencia  de que la investigación sistemática requería una concentración hábil en las múltiples zonas separadas de la realidad, la cual había sido racionalmente dividida en distintos grupos de conocimientos.”[1]

La visión sobre la ciencia se afianzó en dos premisas: la del modelo newtoniano y la del dualismo cartesiano. La primera se consideró “una simetría entre el pasado y el futuro”, por lo que se consideró innecesario “distinguir entre pasado y futuro” pues todo coexistía “en un presente eterno”. La segunda realizó una distinción fundamental “entre la naturaleza y los humanos, entre la materia y la mente, entre el mundo físico y el mundo social/espiritual”. Lo que replanteó el árbol del conocimiento en dos grandes ramas separadas: las ciencias naturales y las humanidades, o como las llama Wallerstein, las dos culturas de conocimiento.[2]

El conocimiento se siguió ordenando, de modo que “En el curso del siglo XIX las diversas disciplinas se abrieron como un abanico para cubrir toda una gama de posiciones epistemológicas. En un extremo se hallaba primero la matemática (actividad no empírica), y a su lado las ciencias naturales experimentales (a su vez en una especie de orden descendiente de determinismo –física, química, biología). En el otro extremo estaban las humanidades (o artes y letras), que empezaban por la filosofía (simétrica de la matemática como actividad no empírica) y junto a ella el estudio de las prácticas artísticas formales (literatura, pintura, escultura, musicología).” Mientras que la historia y las ciencias sociales nomotécnicas se encontraron, como una tercera cultura, en medio de estas otras dos y por lo tanto, profundamente divididos en torno a los problemas generados por los diferentes énfasis epistemológicos entre los que se encontraban.[3]

El árbol parecía volver a tener tres grandes ramas, pero en el siglo XIX, las Universidades se volvieron las sedes principales “de la continua tensión entre las artes o humanidades y las ciencias”, que “se definían como modos de conocimiento muy diferentes”, incluso antagónicos. Y como en aquel siglo la división del conocimiento resultó jerárquica, teniendo la primacía la ciencia natural sobre la humana, se llegó a identificar a la ciencia únicamente con la ciencia natural de modo que las ciencias sociales se tuvieron que adaptar a las naturales. Incluso se fue relegando a la filosofía con el fin de deshacerse de toda metafísica. Como consecuencia la física fue colocada en un pedestal y las demás ciencias, incluso la filosofía (como los positivistas de Viena de la primera mitad del siglo XX) se fueron adaptando a ella.[4] El conocimiento, pues, dejó de ser filosófico; y ya que etimológicamnte scientia significa conocimiento, mientras que filosofía significa amor al conocimiento, se identificó a la última como una actitud ante la ciencia. Fue en este contexto de conocimiento moderno decimonónico que la historia se hizo antiteórica e ideográfica.[5]

Desde 1945 las cosas comenzaron a mutar para las tres culturas (ciencias naturales, ciencias sociales y humanidades). Las líneas divisorias de las disciplinas fueron cuestionadas y, aunque sólo como fenómeno minoritario, tuvieron empuje las ideas de multidisciplinariedad e interdisciplinariedad. También se mostró la necesidad de una apertura más sincera a la otredad y, especialmente desde 1960 las ciencias naturales y las sociales tendieron a converger, al menos en cuanto a debates, surgiendo cada vez más dudas entre la claridad de la distinción entre las culturas o grandes ramas del árbol del conocimiento.[6]

De los hombres de letras ilustrados a los científicos, la independencia respecto de la población aumentó, de modo que después de 1945 la investigación en Occidente se fue relegando a cada vez niveles más altos de la educación: para 1945 había investigadores que enseñaban en escuelas secundarias, pero para 1990 ya no ocurría eso y hoy día la investigación prácticamente se reduce al doctorado o a instituciones no docentes, ya que las de carreras universitarias son principalmente profesionalizantes o pragmáticas y por eso técnicas.[7] Y si las carreras de licenciatura son especializadas, en la investigación se ha llegado a una superespecialización disciplinar que ha quitado cohesión a las ciencias que forman parte del árbol del conocimiento.

Este breve repaso nos ha permitido hacernos conscientes de que la ciencia es creación de la modernidad y que las ciencias actuales son herederas de la sabiduría de la Ilustración. Aunque son herederas distantes que generalmente ni reconocen ni agradecen lo que deben a aquella debido a la radicalización de la postura de rechazo a la tradición que, a su vez, de ella heredaron. Vemos que a pesar de la herencia, las ciencias también tuvieron grandes cambios. Se dio el destierro de la filosofía por considerarla una actividad meramente especulativa y el rechazo de las ciencias naturales a la conciencia crítica de sí y de los otros que implica la historia.[8] Lo que impidió que varias generaciones de científicos problematizaran el impacto de lo epistémico en el acceso a lo óntico.

Sin duda, la forma en que vemos el mundo está condicionada por cómo lo dividimos y explicamos, que son a su vez filtros. Por más científicas que sean las divisiones del conocimiento, no dejan de ser filtradas pues “Ningún científico puede ser separado de su contexto físico y social. Toda medición modifica la realidad en el intento de registrarla. Toda conceptualización se basa en compromisos filosóficos”, que generan posturas filosóficas como lo de rechazo a la filosofía. La generalizada creencia “en una neutralidad ficticia ha pasado a ser un obstáculo importante al aumento del valor de la verdad de nuestros descubrimientos, y si eso plantea un gran problema a los científicos naturales, representa un problema aún mayor a los científicos sociales.”[9] Ni la historia, ni cualquier otra ciencia, sea científica o social se puede seguir permitiendo el lujo de ser antitéorica.


[1] Immanuel Wallerstein, et. al., Abrir las ciencias sociales, México, siglo XXI, 2004, pp. 9, 10, 34.

[2] Immanuel Wallerstein, et. al., ibid., pp. 4, 5.

[3] Immanuel Wallerstein, et. al., ibid., p. 12.

[4] Immanuel Wallerstein, et. al., ibid., pp. 7, 8, 10, 13

[5] Immanuel Wallerstein, et. al., ibid., pp. 4, 18, 19.

[6] Immanuel Wallerstein, et. al., ibid., pp. 40, 50, 60, 66, 75.

[7] Immanuel Wallerstein, et. al., ibid., p. 80.

[8] Jacques LeGoff, “La historia como ciencia: el oficio del historiador”, en Pensar la historia: modernidad, presente y progreso, México, Paidós, 2005, pp. 116.

[9] Immanuel Wallerstein, et. al., op. cit., p. 82.

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3 comentarios en “LAS RAMAS DEL ÁRBOL DEL CONOCIMIENTO VUELVEN A CRECER Y A SER PODADAS.”

  1. Rafael Mojica Says:

    La especialización es un problema en la medida de que sea sólo eso y no se involucre en otras “ramas” como mencionas. Es necesario conocer cosas precisas: un periodo particular, una enfermedad particular, una coyuntura particular y tener especialistas. Pero la especialización es ceguera en la medida que no se interese en otros aspectos sin caer en el opuesto de saberlo todo. Superespecialistas superignorantes no son funcionales y la sociedad pierde el sentido de tener personas ocupadas en asuntos particulares. -Rafael Mojica-.

  2. Carlos Saldaña Says:

    La ciencia es una forma mas de ver el mundo, algunos consideran que se pierde la misma esencia cuando todo trata de explicarse a través de la ciencia,para poder tener un panorama mas amplio es necesario considerar muchos tipos de conocimiento y estar abierto a sugerencias acerca de cualquier conocimiento, como historiadores por ejemplo, es necesario emplear diversidad de disciplinas y no sólo aferrarnos a la historia, sino también considerar la filosofía, la literatura y diversas disciplinas mas, para tener un panorama mucho mas amplio del conocimiento que queremos obtener, que aun así no dejará de ser sesgado.


    • Juan Carlos Villca Peña:

      Miren, desde el punto de vista interactivo, la cosmovisión es ver el mundo y depende de que cúspide lo vemos. El especialista en su ego cae y muere no conociendo nada y el generalista sabe un poco de cada, mas muere casi no sabiendo nada. En si las ramas del conocimiento del mundo son fragmentos que tiene que estar entre lazados de manera armoniosa porque está activo en un solo planeta. Por ende todo frente tiene que valorarse como ciencia y ahí esta la riqueza de este maravilloso mundo…


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