LA LINEALIDAD Y NO LINEALIDAD DEL TRABAJO HISTÓRICO*

Por: Rafael Omar Mojica González

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios)

Universidad de Guanajuato

Agosto de 2013.

 

Formalizar la historia es un proyecto que viene desde tiempo de los antiguos griegos y persiste en nuestros días. Cada época ha contribuido en aportar con algún elemento para enriquecer el trabajo histórico a través del planteamiento de problemas específicos y sus posibles soluciones, lo que va dando forma al trabajo histórico.

Antiguamente se buscó establecer qué es la verdad en la historia. Heródoto la buscaba en los testimonios de las personas que vivieron los hechos, Tucídides en eliminar lo fabulístico a partir del juicio del historiador, Polibio en relacionar los hechos con sus causas, consecuencias y otros hechos, Cicerón en no decir nada más allá de la fuente (pp. 110-114). Los resultados del trabajo histórico de esta manera se consideraban que tenían condiciones para ser verdaderos y en esa medida servir para la posteridad.

Con los cristianos se presenta el problema de los documentos y las fechas, que ya se empezaron a usar de manera sistemática (Eusebio de Cesarea) en un esfuerzo para dominar el tiempo (p. 114). En la Edad Media de manera informal la historia se relaciona con la erudición. Es hasta el Renacimiento en que se da un interés por la crítica a través de la filología, que permitió una evaluación de los documentos y combatir mitos pseudohisóricos (pp. 116-117), un esfuerzo que ya realizaba Tucídides y que fue abonando a una mejor comprensión del pasado: realizar cortes, medir el tiempo, criticar y buscar las fuentes. Más discusión para dar validez a las fuentes y su interpretación.

En el siglo XVII hay dos proyectos que podemos considerar como antecedente del trabajo en academias, que es el realizado por los jesuitas en el Acta Sanctorum y los benedictinos con Mabillion (p. 119). Ellos realizaron un esfuerzo por unificar a distintas personas en un mismo sentido de investigación, que en este caso era sobre algunos aspectos de la historia de la iglesia y la religión católica. Este hecho es un antecedente para la fundación de escuelas y sociedades en siglos posteriores.

En el siglo XVIII la historia no sólo es erudición, sino comienza a tener un sentido para comprender los grandes problemas por el impulso racionalista ilustrado de la época (p. 121). El cual se verá consolidado en el siglo siguiente cuando se institucionaliza el trabajo histórico en escuelas y hay condiciones para un mejor desarrollo: archivos, espacio en las Universidades, bibliotecas, revistas, etc. (p. 123). En este siglo uno de los esfuerzos del trabajo histórico fue legitimarlo frente a la comunidad científica y darle categoría de conocimiento y no reducirlo de manera peyorativa a humanidades o literatura negándole utilidad.

Con este brevísimo vistazo, nos podemos preguntar si la historia sigue una linealidad. Esto es que si desde las preguntas iniciales planteadas por los primeros que indagaron en el pasado respecto a lo histórico se han ido resolviendo con el tiempo dando una especie de mayor perfeccionamiento de la historia, en un sentido progresivo en el cual en nuestros días tendríamos la mejor vista. Preguntas sobre la verdad, el trabajo académico, el estatus de ciencia, metodología, la disposición de las fuentes, la instauración en la Universidad, el prestigio social, en general cada uno de los desafíos tenidos en cada siglo ha tenido respuestas que se han sedimentado y permitido plantear nuevas preguntas. Por ejemplo, si ya se tiene una legitimidad en la Universidad ya se puede preocupar por otras cosas como la interdisciplinariedad.

Pero por otro lado no está clara la linealidad. Cada época cuenta con problemas particulares para todos sus habitantes y sus pensadores, es distintiva una de otra en la que un principio de causalidad no satisface del todo la relación de una época con otra, no hay una línea. La historia no puede escaparse de la misma historia y hacerla ajena a su tiempo. La historia de Heródoto, de Voltaire, de Ranke, de Febvre tuvo un papel político que enfrentar con su tiempo donde tanto lo dicho como lo no dicho formaron parte de su postura. Así conectar el trabajo histórico de una época con otra plantea que hay una igualdad de condiciones lo cual inmovilizaría el tiempo, un absurdo.

Pero tampoco hay incomunicación, hay un hilo (linealidad) que puede conectar lo específico de cada época (no linealidad), pensando en la larga duración y rompiendo las fronteras duras de las épocas y cortes temporales (al fin y al cabo concepciones). El historiador de hoy puede tener una preocupación similar a la de los antiguos al preguntarse qué es la verdad o qué es lo que sucedió aunque tenga un enfoque, fuentes y técnicas distintas. Así el sujeto de estudio y el investigador están en condiciones de decir algo para su tiempo (no lineal) y algo para después (lineal). Tucídides nos puede parecer tan lejano por sus diferencias y tan cercano por sus similitudes.

*Escrito a partir del texto de J. Le Goff (2005). “La historia como ciencia” en: Pensar la historia. Modernidad, presente y progreso. Paidós, Barcelona.

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2 comentarios en “LA LINEALIDAD Y NO LINEALIDAD DEL TRABAJO HISTÓRICO*”

  1. Luz Antonia Miranda Says:

    En efecto, es difícil percibir en los procesos históricos (incluyendo los de la historia de la historia) una evolución lineal o un progreso de las cosas. En este sentido, es mejor pensar los procesos históricos en términos de continuidades y rupturas. En general considero que la historia nació con ciertos elementos que la hicieron diferente a otros conocimientos, tiene una identidad propia, que es el intento de conocer el pasado. ,Su carácter científico, aunque moldeado por las diferentes concepciones del término ciencia, siempre ha estado acompañado de su carácter de ser explicativa, metodológica y crítica ante sus fuentes.

  2. Alejandro Meza Says:

    El recorrido de la labor historicista la presenta Jacques LeGoff como un ritmo que contiene momentos criticos -de grandes cambios- y periodos extensos relativamente estáticos. Para las teorías progresistas, esta genealogía es tomada como una reafirmación de que la historia como disciplina vive el mejor momento: el pasado ha sido el camino necesario para llegar hasta aquí, y lo mejor está todavía por llegar. En el polo opuesto, habrá detractores de la linealidad, el progreso, y el cambio como una continuidad con una finalidad. Para ellos la historia no conlleva una evolución, está sujeta sólo a las condiciones culturales de su época ¿pero como podemos definir una época -en oposición o contraste con otra- si no hay una linea del tiempo para medirla? Será que tiempo no es igual a cambio, y cambio no es igual a progreso. Trazar una geneología de avance en la labor historicista puede obedecer a la necesidad de regresar el oficio a un status quo perdido. Se pueden registrar en el tiempo cambios azarosos en los hechos de las culturas: avances, retrocesos, saltos, giros, espirales. Y serán los intereses del presente los que determinen la forma conveniente para divulgar un específico transcurso de la historia como verdad.


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