ABRIENDO LA HISTORIA A LA UTILIDAD DEL FUTURO: UNA POSICIÓN EN CONTRA DEL REALISMO INGENUO.

Magritte, Falso specchio (1928)

Magritte, Falso specchio (1928)

Por Luz Antonia Miranda Félix

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios)

Universidad de Guanajuato

Actualmente es difícil que un historiador manifieste abiertamente que su oficio cumple, por deber y por principio ético, con una función social y humana. Es más raro aún encontrar que alguno se atreva incluso a mencionar que la historia esté hecha para despertar conciencias, iluminar el presente, prever el futuro y motivar el cambio social con la esperanza de crear una sociedad más justa e igualitaria. Estas premisas, que parten de visiones vitalistas y marxistas de la historia, son difíciles de expresar sin complejo ante un gremio todavía atado a prejuicios cientificistas.

El miedo a parecer poco objetivo, tendencioso, ideologizado y politizado, en su sentido más dogmático y negativo, ha callado las voces de varios historiadores y científicos sociales, pero no la del historiador argentino José Luis Romero, quien en La historia y la vida nos ha recordado la parte más humana de la historia. La que es realizada desde una inquietud de vida, antes que desde una inquietud por el mero saber. La que es consecuente y congruente con la vida del historiador que la realiza. La que reconoce y acepta la subjetividad del quehacer historiográfico y le otorga un sentido de vida al conocimiento producido. La que coloca a la historia más en el ámbito de las humanidades que en el de las ciencias sociales. La que combate el realismo ingenuo y abre la historia a la utilidad del presente y del futuro.

El realismo ingenuo, menciona Romero, es “la más tosca postura ante la realidad circundante” que acepta como universal y absoluta la realidad presente, con absoluta ausencia de sentido crítico, considerando que la realidad “es” y el hombre no puede hacer nada para cambiarla.  El autor escribe: “Quien crea que lo que es no podrá ser de otra manera, deja al mundo entregado a una suerte de fatalidad cuya última consecuencia no podemos prever.” (Romero, 2008: 42)

Y en efecto, este realismo ingenuo genera un visión muy pobre de la realidad, pues no se pregunta por el por qué son las cosas así  y sólo acepta las cosas “como son”, dejando con su ingenuidad e inconciencia, que otros  hagan la historia por él. Es aquí donde la historia puede y debe, por cuestión ética, cumplir la misión de sacudir el realismo ingenuo, pues si una cosa sabe el historiador crítico, es  que la historia no se ha desarrollado de manera determinante, que el cambio ha existido y ha irrumpido en varios periodos y épocas, donde el hombre ha demostrado ser el motor y el conductor de su historia. El realismo ingenuo le quita al hombre su capacidad creadora y le quita, en sentido amplio, toda su libertad.

En este sentido, llevar la conciencia histórica al servicio de la libertad del hombre, sería una de las misiones más humanas de la disciplina, una que le brindaría un sentido al saber histórico. Una historia al servicio de la comprensión de los problemas actuales, para la creación de posibles soluciones futuras. Una historia como maestra de vida y dadora de consejo.

Referencia bibliográfica:

Romero, José Luis (2008) La vida histórica. México, Siglo XXI.

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5 comentarios en “ABRIENDO LA HISTORIA A LA UTILIDAD DEL FUTURO: UNA POSICIÓN EN CONTRA DEL REALISMO INGENUO.”

  1. Rafael Mojica Says:

    Estoy de acuerdo en que las ciencias en la medida que se alejen de lo humano se vuelven incapaces de producir bienes a la humanidad y hasta perjuicios (el ejemplo más claro es la aplicación del conocimiento para la guerra). Pero también es necesario distinguir entre el trabajo académico y el político, el investigador llega hasta un punto (el conocimiento) y es su decisión seguir el camino político (investigación-acción) pues la investigación puede estar viciada por buscar redenciones, como ocurrió con los marxistas. Aunque es imposible una división total entre lo académico y lo político es factible una distinción que acote. -Rafael Mojica-.

    • Luz Antonia Miranda Says:

      Comparto la preocupación de la pérdida de “objetividad” que tiene el historiador ante la toma de una postura política, pero no necesariamente considero que puedan o deban estar opuestas.De hecho, me resulta casi imposible de creer que un historiador sea completamente objetivo y apolítico. El reto del historiador, en todo caso, sería el de navegar entre el rigor metodológico que le exige el carácter científico de su disciplina, y la conciencia del sentido humano del conocimiento que produce. En general, el comentario va más en torno a no olvidar lo último, (sin descuidar lo primero, obviamente) y siempre recordar, en palabras de Romero “que el saber es para el hombre y no el hombre para el saber.” En este sentido, en lo personal, me preocupa más la pérdida de humanidad en las ciencias sociales, que la pérdida de su “objetividad” si es que esta existe.

  2. Alejandro Meza Says:

    No comparto el concepto de la prevision histórica, no en la manera precisa del positivismo, y tampoco en rangos de tendencias culturales -a la manera de Romero-. Pero comprendo que para algunos historiadores su postura ética los liga a la busqueda de beneficios sociales en la aplicación del conocimiento. Respeto la postura, del mismo modo en que respeto el valor del conocimiento por el conocimiento mismo. Habrá seguidores en ambas posturas -que nos son las únicas-. Comparto con Romero (y más aún con Nietzsche) el re-ligar la historia a la vida; pero para una existencia abierta, un presente indeterminado, una acción múltiple, a la manera del absurdo de Albert Camus.

  3. Eddy Says:

    A mi me parece muy rescatable la postura sobre situar a la Historia como “Inquietud de vida”, para que la sociedad más allá de ver a nuestra disciplina como algo inerte y acabado, genere conciencia respecto al devenir del mundo en el que vive. En cuanto a la interpretación subjetiva que permea al historiador a la hora de presentar el producto de su trabajo creo que es imposible de erradicar. Pues antes que historiador, es un hombre con ideales propios, ideales que salpican su investigación histórica. En todo caso, lo que se debe evitar es que el discurso se deforme por completo debido a posturas completamente sesgadas, sin confrontación ni sustento.

  4. Daniela Orozco González Says:

    Es imprescindible, ante esta ruptura del tejido social actual, reflexionar sobre cómo concebimos a la realidad, por ello me quedo con una de tus líneas “la que combate el realismo ingenuo y abre la historia a la utilidad del presente y del futuro”. Esta premisa considero es exactamente una de la acepciones de la Historia que siempre debemos tener presente, ya que muchas veces nos quedamos sólo en el discurso de autores, o bien en el nuestro, y no plasmamos nuestras reflexiones en la realidad, es decir, en la acción, en una verdadera utilidad, que no sólo debe quedarse en el plano del presente, sino ir más allá, trascender fronteras de tiempo y espacio. El historiador tiene un compromiso social con la conformación del pensamiento crítico en una sociedad.


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