La forma de hacer historia cambia con el tiempo.

Por José Francisco Morales Suárez.

Algunas de las cosas que más me han llamado la atención sobre la historia, son las diferentes formas de percibir un suceso en el pasado por las distintas generaciones de hombres a través del tiempo.

     Cierto día estaba revisando un libro sobre Porfirio Díaz que necesitaba para elaborar un trabajo final, cuando me percato que en el capítulo uno titulado Porfirio Díaz ante la historiografía mexicana se habla de las diferentes concepciones que se han tenido a través de los años por diferentes investigadores del pasado acerca de este personaje.

     El historiador Paul Garner, autor del libro que consulté para mi trabajo final, habla de que “la historiografía porfiriana puede dividirse en tres categorías principales, cada una con una cronología y un enfoque específicos. Éstas son: el porfirismo, el antiporfirismo y el neoporfirismo.”

     Para Paul Garner el porfirismo consistió principalmente en un retrato adulatorio sobre la presidencia de Díaz anterior a 1910, en el cual se ponía de relieve la longevidad del régimen, particularmente en contraste con sus predecesores en el México del siglo XIX, y su éxito al lograr una estabilidad y una paz políticas por un periodo de casi 35 años.

     En la etapa historiográfica correspondiente al antiporfirismo, que siguió al triunfo de la revolución de 1910, los principales historiadores mexicanos decían que el régimen de Díaz era el ejemplo máximo de la tiranía, la dictadura y la opresión.

     Por último, en el neoporfirismo que apareció durante los años 1990, hubo una perspectiva por parte de la historia de hacer una balanza del porfiriato, en el cual se interpretó la época de Díaz bajo una luz mucho más positiva y menos apasionada.

     Toda esta descripción sobre los diferentes puntos de vista que hay sobre el porfiriato, nació en la clase en que se tocó el punto de que un suceso histórico cambia su perspectiva a través del tiempo, en el cual los hombres cambian su panorama sobre los personajes y los hechos del pasado.

     El hecho histórico que ocurrió hace determinado tiempo nunca va a cambiar, porque simplemente así fue y así sucedió, haya sido bueno o malo para nuestra moral y ética contemporánea. Lo único que cambia del hecho histórico es la visión que se tiene de él por parte de las generaciones posteriores, ya que un acontecimiento del pasado permuta según sean los intereses políticos y económicos del momento, considerando también la moral y la cultura que prevalezca en una sociedad y un tiempo determinados.

     Así, sin duda, a manera de conclusión, cualquier hecho histórico será observado y analizado posteriormente de distintas formas por los hombres, los cuales serán influenciados por el tiempo y espacio en el cual les tocó o nos tocó vivir.

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6 comentarios en “La forma de hacer historia cambia con el tiempo.”

  1. Carlos Guzmán Says:

    De acuerdo, a quien antes de conocer considera que los historiadores se encargan de estudiar el pasado, e incluso llega a pensar que tratan de recrearlo, pero el objeto de estudio del historiador es a su vez historico y evolutivo, ya que el historiador es un humanista encargado de la visión que se tiene y ha tenido de los hechos historicos.

  2. Angélica Lucero Gutiérrez Terán Says:

    Las diferentes formas de hacer historia responde a diversas necesidades.Algunas a intereses propios de ese momento, unas surgen en reacción a la historia ofial,mientras que otras intentan buscar la objetividad y mostrar la verdad. Algo así viene en uno de los textos de Luis González, que señala los dintintos tipos de historia o histoiografía que se han hecho en México, destacando la historia pragmática y la académica.

  3. Fabián Gómez Says:

    Mi opinión a tu contribución es que primero debemos distinguir ante el “hecho o suceso” que sin duda es completamente objetivo, y el “hecho histórico” en el cual es donde entra la aportación del historiador. En este sentido me atrevo a afirmar lo que tú ya dijiste: “Lo único que cambia del hecho histórico es la visión que se tiene de él por parte de las generaciones posteriores”. Las etapas que distingue tu ejemplo son “el porfirismo, el antiporfirismo y el neoporfirismo”. La primera –destacas- es el periodo de la presidencia hasta 1910, donde hace referencia al régimen porfiriano en comparación con otros. La segunda es una visión de “la tiranía, la dictadura y la opresión”. Por último, la etapa del neoporfirismo donde ya se hace un estudio “bajo una luz mucho más positiva y menos apasionada”. No puedo negar esto (principalmente porque no he leído el texto que mencionas); sin embargo, no me atrevería a afirmar que “la forma de hacer historia cambia con el tiempo”, con el ejemplo que tú citas, pues en dicho caso, los que escribieron sobre el porfirismo vivieron en alguno de esos tiempos, lo que implica que han sido afectados directamente de alguna manera por el hecho histórico. Esto nos obliga muchas veces a tomar posturas y hacer críticas desde adentro del suceso que se pueden confundir entre “puntos de vista” y la “objetividad” del estudio.
    En conclusión, no niego que la manera de hacer historia cambie con el tiempo porque incluso existe el caso que cambie la manera de hacer historia entre dos autores en el mismo periodo; pero mi punto es que el ejemplo que tú pones, no es suficiente para dicha afirmación.

    • Gerardo Spearman Morales Says:

      Primeramente, el título del post me parece polisémico. La forma de hacer historia cambia con el tiempo puede entenderse como el método de la historia cambia con la disciplina. Sin embargo se usa en el sentido de la forma de interpretar la historia cambia con el tiempo. Un detalle que no parece insignificante, pues investigar historia e interpretarla pueden ser confundidos. y es un error epistemológico.
      Lo que me animó a responderte a ti Fabián, es que mencionaste el hecho histórico, distinguido del hecho, formalización que me parece meramente tradicional, pues una vez que reflexionamos sobre el cntexto en el que mencionamos el hecho histórico, el edificio histórico, la ciudad histórica, el periodo histórico, frases que incluyen es un artículo histórico, un gobierno histórico, etc.; me dejan con la pregunta ¿qué no todo hecho es histórico, que no todo artículo de gobierno lo es, qué no todo gobierno lo es?
      Al parecer para un comentarista deportivo, romper un record es algo histórico, pero no menciona que lo sea una carrera fantástica que no devenga en romper un record, aunque para los corredores fuera algo de suma importancia. Todo hecho, todo proceso es histórico y a veces añadir ese adjetivo confunde más de lo que explica, pues se opone a (hecho) periodístico, a (monumento) arqueológico; cuando más bien, debería de integrarlos. Más si tenemos en cuenta la definición de Bloch o de Braudel de historia, después de todo, la historia es todas las historias posibles, incluso de lo que antes no se consideró hecho histórico.

  4. Marco Antonio Hernández González Says:

    Es interesante como planteas el tema a través de este ejemplo. Creo que la respuesta está en que la percepción de los hechos cambia conforme avanza el tiempo. Las personas que fueron afectadas directamente darán su punto de vista de una manera más apasionada, en cambio, nosotros siempre debemos conocer el contexto en que se desarrolló el suceso para poder dar una interpretación más objetiva. Es lógico que la historiografía cambie, ya que cada vez surge más información que va modificando la historia.
    En conclusión, puedo decir que como historiadores tenemos la obligación de conocer la mayor parte o los principales estudios historiográficos porque así podremos ser más objetivos en nuestras investigaciones.

  5. Fernando Noriega Says:

    Concuerdo completamente con tu reflexión. En efecto, la forma de ver la historia depende de muchas cosas, entre ellas el contexto socio-temporal que vive el historiador, así como sus vivencias personales, justamente afectadas por este entorno. De ahí el carácter subjetivo de nuestra disciplina. Por otra parte, también hay que tomar en cuenta que la manipulación de la historia por parte de los grupos en el poder influye enormemente en este punto.
    Tomando tu mismo ejemplo del Porfiriato. Cuando el régimen se encontraba en el poder, en la historiografía se justificaba su existencia, poniendo de relieve la supuesta pax porfiriana alcanzada a través del gobierno positivista encabezado por el lonjevo gobernante.
    Tras el triunfo de la Revolución Mexicana, como parte de su justificación, nació la visión satánica del Porfiriato. De esa manera, el régimen revolucionario se afirmaba a sí mismo en la silla presidencial.
    Ahora, e incluso un poco a partir de los ochentas la visión del viejo presidente Don Porfirio Díaz, ha cambiado radicalmente para bien, pero eso no porque se haya emprendido una campaña por desapasionar el estudio de este personaje por parte de los historiadores. Más bien, al justificar el modelo económico neoliberal y de inversión de capital extranjero en México, se trajo a colación la imagen del expresidente y su supuesto “progreso” en materia económica. Durante los gobiernos del PRI se intentó ante todo, sin embargo, no rebasar la línea en la que se pusiera en duda su origen revolucionario. Sin embargo, del 2000 para acá, hemos visto una limpia, y hasta idealizada visión del caudillo de la Intervención Francesa. Claro, el modelo neoliberal finalmente se refiere al “nuevo liberalismo”, y el gobierno del oaxaqueño fue parte del último gobierno liberal.
    Así que también hay que tomar en cuenta ese importante factor.


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