Conmemorar para re-encontrarse

Por Miguel Angel Guzmán López

Las respuestas que se han dado a la pregunta de si es motivo de celebración el cumplimiento del Bicentenario del inicio de la Independencia de México y Centenario de la Revolución Mexicana, han sido muy variadas, y se despliegan en una gama de posibilidades que van desde el más exacervado sentimiento nacionalista hasta la definitiva negación de todo motivo de celebración. Se abre entonces el debate entre quienes piensan que ambos movimientos sociales fueron completamente benéficos para el desarrollo socio-político del país y quienes piensan que no son más que hechos magnificados desde el discurso oficialista de los regímenes políticos que nacieron de ellos. Estas discusiones se tornan viciosas desde que unos sólo ponen su atención en los aspectos positivos de cada contienda mientras que otros hacen lo propio con los aspectos negativos, y al no haber una especie de balanza que permita saber qué tiene mayor peso entre ambas perspectivas éstas continuarán enfrascadas en disputas interminables.

Frente a este panorama se impone pensar en el cumplimiento de estos centenarios no como una celebración sino como una conmemoración, un traer a la memoria los acontecimientos que han marcado el ser social del pueblo mexicano tanto en sus aspectos positivos como en los negativos -pues lo negativo también forma parte de nuestra historia.

La finalidad de la conmemoración es la de re-encontrarse uno mismo, la de re-descubrir en nosotros mismos los elementos históricos que nos conforman socialmente y a partir de ello tomar una decisión respecto a lo que queremos hacer en el futuro inmediato o de mediano plazo.

Una conmemoración debe traer a la palestra las virtudes y defectos que nos caracterizan como pueblo y debe desembocar en la asunción de estos contenidos para la consiguiente toma de decisiones acerca de las acciones que habrán de realizarse para conseguir nuestros objetivos más anhelados. En otras palabras, se debe conmemorar para replantear nuestro proyecto de país y de mundo.

Por esto, es enteramente saludable hacer ese re-conocimiento, esa asunción de nosotros mismos, tal cuales. Negarnos esa posibilidad; pensar que es posible mejorar mediante la negación de los aspectos “incómodos” de nuestra historia, no es más que dar cauce al trauma, pues si se recuerda, todo trauma comienza con la negación.

Pero parece que es la negación la que caracteriza al orden político actual, dado a ver las luchas sociales como motivo de incomodidad, de pensar que los mexicanos somos perdedores porque “fuimos conquistados y colonizados” y por ello supuestamente habría que evitar que en la educación básica se siga reproduciendo la mentalidad del perdedor, eliminando entonces de los libros de texto ambos episodios históricos. ¿Qué debemos de pensar entonces? ¿Que para ser exitosos hay que ser como los yankees? Nunca lo seremos porque para ello es necesario no ser nosotros mismos.

Si actualmente la tendencia es la de olvidar esos “episodios vergonzosos que nos impiden triunfar”, que no es otra cosa  entonces que el olvido de sí ¿Cómo esperamos construir un proyecto de nación? ¿Con qué bases vamos a elegir el camino que más nos conviene? No es de extrañar que partiendo de esta perspectiva, las acciones encaminadas a la celebración de los centenarios en el 2010 sean un verdadero galimatías ¿Cómo no si se niega a la historia? ¿Cómo no si no existe un proyecto de futuro?

La negación del pasado conduce a la parálisis del presente y a la desaparición de todo futuro. Por eso, mejor que dedicarnos a celebrar, consagrémos nuestras energías a conmemorar y planear nuestro siguiente paso.

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8 comentarios en “Conmemorar para re-encontrarse”

  1. Joshua Dalí Sánchez Says:

    Considero que como universitarios tenemos la obligación de desempeñar un trabajo doble en la labor de la conmemoración. Por una parte, conmemorar desde la reflexión en el aula y los espacios que brinda la universidad (que son espacios creados justamente para eso, para la reflexión y el análisis), pero también tendríamos que buscar formas distintas de conmemoración, que no se subordinen a la oficial expresada en actos cívicos con jefes de gobierno, presidentes municipales, historiadores de corbata y saco, con gestos serios y caras duras que lo único que logran es traer a la palestra el adjetivo de “celebración” y uno que otro bostezo entre quienes los escuchan. Propongo hacer lo que Paco Ignacio Taibo II y sus amigos; (Humberto Musacchio, Francisco Pérez Arce, Pedro Salmerón, Rolf Meisner, Juan Hernández Luna)”Cursos de Historia de México para Ciudadanos en Rebeldía”. Lanzarnos a plazas públicas, mercados, comedores populares, espacios en la red, las calles, la sobremesa, las fábricas, el campo, las cárceles, para intentar construir una historia que remita a la reflexión y al análisis, a las comparaciones del pasado con el presente sin perder de vista los horizontes que cada uno tenga como ser individual. Abordar la historia sin tanto formalismo y solemnidad para presentarla a los diversos sectores de la sociedad con el objetivo de crear una visión distinta y no oficial del Centenario y Bicentenario. Formemos un ejército que intente sembrar la semilla de la reflexión entre las diversas capas de la sociedad para que cada quién se forje el destino que quiera.

  2. Saúl Cervantes Luna Says:

    Pues estoy de acuerdo en lo que dice el texto en lo que atañe al deber de los mexicanos de rememorar en vez de celebrar, puesto que si nos ponemos a pensar con detenimiento, sobran las razones por las cuales deberíamos, hoy más que nunca, analizar nuestro pasado, no como historiadores con la bandera de la impersonalidad, sino más bien como críticos, autocríticos, es decir, ponernos bajo la lente y analizarnos, como objetos y sujetos a la vez; debemos pensar si es motivo de celebrar lo que hoy somos gracias a lo que pasó hace dos siglos y no sólo celebrar; si hacemos este ejercicio talvez veamos que los que pregonan la celebración por algo que se ha pervertido a lo largo de doscientos años hasta caer en un letargo idiotizante, son o bien cínicos sin remedio o ciegos sin cura.

  3. Gerardo cantú Says:

    La celebración de los centenarios es una buena oportunidad para debatir y llevar tanto a los que estamos en el medio como a al publico en general a reflexionar sobre estos acontecimientos que nos definieron como nación, sin negar ningún aspecto y que lo encaren para que tengan una visión mas realista de su pasado dejando de lado nacionalismos en este caso estúpidos que no nos dejan ver en donde estamos y por ende no podemos plantearnos hacia donde queremos ir como nación.

  4. LuLu Alvarez Says:

    Pero ¿es posible conmemorar algo que la mayoria de los mexicanos no conocemos?
    cuando hay una confusión en las mentes de los niños de primaria para saber a que época pertenecieron Hidalgo, Carranza, Zapata, y si todos ellos se conocieron.
    Gerardo dice que un nacionalismo estupido, tiene razón. pero parece que ahora vamos a pasar del nacionalismo estupido a la falta de un nacionalismo.
    se quiere vender algo que no se conoce con este bicentenario, volviendo la mercancia desechable. ¿Despues que vamos a tener?


    • Me gusta la idea que manejas de la historia como producto desechable, es muy adecuada para describir lo que hoy día se enseña en las aulas de educación básica e inclusive en las aulas de educación superior. Y es que se enseña y se CONMEMORA con esa idea de historia; una historia construida con materiales contaminantes. Yo no se si un nacionalismo estúpido sea mejor que la ausencia de nacionalismo. Yo no se si los niños de primaria deban necesariamente saber quienes fueron Hidalgo, Zapata y Carranza (finalmente, cada quien construye la idea de estos seres que mejor le funcione ya sea como ser individual o como colectivo).Sin embargo, extrañamente mencionaste a Hidalgo, Carranza y Zapata y una idea de niños que estudian en primaria de la cual no tenemos mas certeza que la que nos dicta nuestra intuición. ¿No será acaso que la historia desechable se mete por nuestros poros a cada instante y sin darnos cuenta? ¿No será esta discusión tan desechable como lo son las noticias, los muertos, Haití( y ahora Chile), antes los estudiantes de Cd. Juarez, o lo que venga después? Yo no lo se… a tantas preguntas, tantas respuestas.

  5. José Córdova Says:

    Al hablar de una realidad histórica, tal como la plantea Gerardo, aun cuando a la vez pareciera ser de suma importancia, a la vez es un tema complicado.

    Durante décadas la historia oficial a marcado las cosas como, según ellos, ocurrió. Si embargo, es una historia que, de una u otra manera, se han convertido en parte y fundamento de la realidad del mexicano.

    Realidades que se convirtieron en alicientes en épocas de crisis ya sea económica o por cuestiones de desastres naturales; que fortalecieron la moral de los individuos, para levantarse y seguir adelante.

    En nuestro días, hablar de la verdad de la historia, aunque pareciera ser en el contexto un avance; la realidad nos indica que pocos o tal vez nadie, estaría dispuestos a cambiar lo que creen, para dar paso a nuevas ideas.

    ¿O que piensan..?

  6. Angélica Lucero Gutiérrez Terán Says:

    Es difícil distinguir celebrar y conmemorar, en una sociedad que está acostumbrada a paralizar sus labores para festejar lo que sucedió hace más de 100 o 200 años. Creo que no hay motivos suficientes para estar orgullosos ¿de qué? si nosotros aún no estabamos. Además ¿què vamos a celebrar? ¿la enorme cantidad de personas que fallecieron? lo adecuaro es conmemorar, no olvidar lo que sucedió y tomarlo como ejemplo. La guerra es de las peores creaciones del “humano”.

  7. Marco Hernández González Says:

    Al conmemorar ciertas celebraciones tenemos que revalorizar el hecho, saber que tanto ha influido en nuestra conformación como individuo y como sociedad. Creo que esta revalorización nos permite entendernos y como lo menciona el autor, crear un verdadero proyecto de nación con una visión incluyente. La historia nos permite recordar y la celebración nos permite concientizar.


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