Sobre algunos métodos y fuentes para la investigación histórica

Por Miguel Angel Guzmán López

[Texto leído por al autor para presentar el libro del cual esta entrada toma el nombre, el 27 de agosto de 2009 en el Audtorio Euquerio Guerrero de la Universidad de Guanajuato, dento del marco de la VIIa edición de las Jornadas de Historia].

No cabe duda que cuando Luis González y González utilizó la frase todo es historia resumió en ella la esencia misma de la labor historiográfica tal y como se le comenzó a practicar desde la segunda década del siglo veinte, cuando a partir de la cada vez más fuerte presencia de los historiógrafos franceses (la llamada Escuela de los Annales) en el ámbito académico, de su país y de fuera de él, comenzaron a criticar y oponerse a la percepción rankeana de la investigación histórica, a la que erróneamente etiquetaban de positivista. Frente a ésta, la historiografía practicada por los galos se caracterizó, entre otras cosas, por abrir el abanico de posibilidades temáticas de los estudios históricos y con ello también el espectro de objetos que, bajo la calidad de vestigios del pasado, pasaron a conformar las fuentes del historiador.

            A la anterior prerrogativa del documento escrito y de información explícita se le sumó el interés por legajos escritos de información no necesariamente explícita y se añadieron nuevos tipos de fuentes tales como las artísticas, las arquitectónicas, las urbanísticas, las testimoniales, las estadísticas y, en general, todo objeto cultural emanado de las diversas sociedades humanas que han existido en el transcurso del devenir histórico.

            En ese sentido la frase de Luis González puede entenderse bajo un doble significado: primero, si se concibe por historia el acontecer temporal humano en su totalidad y, segundo, si dicha totalidad es susceptible de ser historiada. En suma, si la historia representa en primera instancia el acontecer humano y tal devenir deja huellas materiales (e inmateriales incluso), estos vestigios permiten al historiador el estudio, el análisis y la escritura de dicho acaecer, por lo tanto todo es historia.

            Así, el libro que hoy se presenta, Sobre algunos métodos y fuentes para la investigación histórica, coordinado por la Maestra Graciela Velázquez Delgado, constituye una afortunada muestra de la manera en como los historiadores aprovechan la información contenida en diversos vestigios del acontecer humano, así como de la forma en que se puede generar un acercamiento metódico a tales indicios. El texto está integrado por cinco ensayos derivados del diplomado sobre Metodología de Historia Regional que se impartió de agosto a septiembre de 2004 en la ciudad de León, Guanajuato, y en cada uno de ellos encontramos algunas ideas fundamentales para el estudio del pasado a través de diversos tipos de fuentes informativas, cada una de las cuales implica el dominio de un método específico de acercamiento.

            Este punto es muy significativo y conviene detenerse un poco en él, pues una de las más importantes consecuencias paradigmáticas que tuvo la ya referida apertura en la utilización de nuevas fuentes de información generó la necesidad de desarrollar métodos específicos para el aprovechamiento de estos vestigios, aunado a la necesaria aplicación del método histórico-crítico (que incluye a la heurística, la hermenéutica, la arquitectónica, la crítica y la estilística), ese sí desarrollado por la historiografía decimonónica. En otras palabras, la diversidad de temáticas que la historiografía francesa de siglo veinte introdujo a la investigación histórica condujo a la consideración de nuevos tipos de fuentes, las cuales a su vez demandaron el desarrollo de métodos para lograr el aprovechamiento de la información contenida en ellas.

            En particular, los trabajos historiográficos desarrollados por varias generaciones de historiadores formados en la Universidad de Guanajuato son herederos en muy buena medida del paradigma impuesto por la tradición francesa de los Annales, y en este sentido, cada uno de los historiadores que participa en esta publicación comparte con el lector algunos apuntes básicos sobre la manera específica en la que un determinado tipo de fuentes debe ser tratada para la obtención de información confiable para la investigación histórica.

             De esta forma, el texto que da apertura a la obra se titula Fuentes documentales e investigación histórica, de Rosa Alicia Pérez Luque, quien nos ilustra sobre varias cuestiones fundamentales que el historiador debe tener en cuenta para aprovechar la información contenida en las fuentes documentales o de archivo, sobre todo, de aquellas que están relacionadas con el manejo de los propios repositorios, mismos que existen de diversos tipos y que están organizados bajo diversos criterios. Rosa Alicia señala la importancia que tiene reconocer los instrumentos que dan orden a los acervos y permiten su consulta (tales como la guía, el inventario y el catálogo); señala también las diversas disciplinas auxiliares en las cuales se requiere estar lo más posible capacitado para consultar los archivos históricos, tales como la archivística, la diplomática, la paleografía, y la historia de las instituciones.

            El lector descubre entonces que el inicio de la investigación histórica basada en la información documental no se encuentra en el documento mismo sino en el necesario contar previamente con el conocimiento de los sistemas de acopio y clasificación de los testimonios impresos, de las medidas que permiten su consulta al público y del tipo de información que habría que esperar de un determinado archivo. Sólo después de considerar previamente algunas de estas cuestiones se puede iniciar con el trabajo sobre el documento mismo.

            Alicia nos advierte también que el valor de la fuente documental no se remite exclusivamente su contenido sino que también puede radicar en su materialidad como objeto (el tipo de papel empleado, la forma en que está encuadernada una serie de legajos, por ejemplo).

            Rosa Alicia cierra su participación proporcionando datos interesantes sobre algunos de los más importantes repositorios históricos de la región: el Archivo Histórico Municipal de Guanajuato (resguardado por la Universidad de Guanajuato y que ha sido el laboratorio en el que muchos estudiantes se han formado como historiadores), el Archivo Histórico Municipal de León y el Archivo General de Estado de Guanajuato. Estas tres instituciones han destacado por el cuidadoso trabajo de catalogación y conservación de sus acervos documentales, que permiten que los investigadores les consulten con relativa facilidad.

             En el siguiente texto, de nombre El uso de las imágenes en la investigación histórica, Javier Ayala Calderón, con su característico estilo didáctico, nos introduce a las primeras nociones que debe tener el historiador que pretenda trabajar con imágenes como principal fuente de información, iniciando con cuatro pasos fundamentales para la lectura de una imagen hasta llegar a tres principios orientadores de toda interpretación, pasando por una breve tipología de las imágenes (imágenes, símbolos, personificaciones y alegorías).

            El problema del historiador de las imágenes es doble, pues primero debe estar seguro de los elementos que conforman una imagen para luego hacer una interpretación certera de lo que dicha fuente quiere expresar. Ambas cuestiones, la identificación de lo que aparece graficado y lo que esto quiere significar, son primordiales para lograr un estudio historiográfico riguroso basado en el imaginario de una sociedad determinada.

            Para Javier Ayala una representación gráfica es también un texto que puede leerse si se conoce la manera de hacerlo. Sin embargo, no debe pensarse que una investigación del imaginario deja de lado a las fuentes escritas aunque sin que se considere superior unas respecto a las otras, pues como el propio Javier lo señala:

             “…aunque en algún momento resulta tentador suponer que al trabajar con imágenes se les usa siempre como fuentes de segunda clase que no aportan información por sí solas, puesto que siempre recurrimos a textos escritos para validar su interpretación, el equívoco desaparece cuando consideramos que incluso al trabajar con documentos escritos existe un proceso similar de contrastación entre ellos que permite validar los contenidos que les son comunes. Por lo mismo, no hay ninguna razón para suponer que cuando se confrontan una imagen y un texto, la primera dependa del segundo para comunicar su contenido pero no a la inversa”.

             La amenidad del escrito de Javier alcanza su punto máximo cuando aborda el tema de la sobre-interpretación y lo ilustra con los casos de la tumba de Pakal, las líneas de Nazca y la pintura de la última cena, de Leonardo Da Vinci, que se han vuelto populares gracias a los extravíos de diversos ufólogos y del novelista Dan Brown.

              César Federico Macías aborda en su ensayo Fotografía e historia regional un problema similar al del estudio de las imágenes alegóricas cuando pone su atención en las fotografías como fuente para la historia.

            Si  existe algún historiador que piense que una imagen vale más que mil palabras, ese historiador no es César y con justa razón, pues a pesar del gran prestigio que tiene la fotografía en el contexto de los medios masivos de comunicación, el investigador del pasado no puede dejar de lado la compleja labor de someter a la crítica a una fuente que es particularmente flexible al momento de adaptarse a diversos panoramas discursivos; así, una fotografía determinada puede adquirir nuevos sentidos dependiendo de los textos (iconográficos o alfabéticos) que lo acompañen, generando un proceso de mitologización lingüística y cultural.

            En ese sentido destacan dos ejemplos que César incluye, en los cuales la información proporcionada por el contexto altera la percepción de la propia imagen: en uno se pretenden ver en la fotografía las virtudes o los vicios que supuestamente caracterizaron a los personajes retratados, y en otro se usa una imagen de estudio para ilustrar la pericia militar de un caudillo revolucionario. En esta aberración del posible sentido de la fuente se genera la mitologización aludida.

            Por eso, de la mano de teóricos como John Mraz y Roland Barthes, César Federico duda en conceder credibilidad a la fotografía si no media un método bien estructurado de análisis. Pero ¿cuál es ese método? En el texto se exploran varios problemas y diversos niveles de examen que permiten ya comenzar a despejar la incógnita pero no lo suficiente como para ser concluyentes y por eso César se suma a Mraz cuando afirma que cada tipo de fotografía requiere un método diferente para trabajarla.

            Lo anterior no impide reconocer desde el principio del escrito –y de hecho, se resalta constantemente- que la fotografía constituye un documento para la investigación histórica sin la cual no será posible entender la historia de los casi dos siglos que han pasado desde su invención.

             A José Elías Guzmán López le toca llevarnos de lo visual a lo auditivo, pues en su texto La historia oral: un recurso metodológico para el estudio de lo regional nos introduce a las particularidades implicadas en el uso de los testimonios orales como fuentes para la historia.

            Dichas particularidades son: 1.- En primera instancia la fuente no es un objeto sino una persona a la que en el argot de los especialistas llaman “fuente viva”, 2.- Una vez entrevistada, la fuente viva, con ayuda del investigador, por supuesto, materializa su testimonio de manera que “se construye una fuente” que puede ser consultada en el futuro por alguien a quien ya no le tocará conocer a la fuente viva porque ésta muy probablemente habrá muerto. 3.- entonces la historia oral cumple con la doble intención de recuperar los testimonios del pasado y materializarlos para servicio de la posteridad.

            Después de hablar sobre los orígenes de esta variante metodológica, que podrían remontarse incluso a Heródoto, Elías señala los cuatro tipos de trabajo historiográfico que pueden desarrollarse con la historia oral: la historia oral temática, la historia de vida, la memoria colectiva y la tradición oral.

            Por otra parte, la historia oral tiene bien definido su procedimiento metodológico, que se contiene en cuatro pasos: la elaboración del proyecto, la realización de la entrevista, la transcripción de la misma, y el análisis y contrastación de la información.

            Si bien, la historia oral no está exenta de crítica, que va desde discusiones respecto a la objetividad de la fuente viva hasta la clara afirmación de que se obtienen resultados antropológicos y no historiográficos, es indudable que esta vertiente de la investigación histórica se encuentra lo suficientemente desarrollada y es tan frecuentada por los historiadores que puede decirse que tiene pleno derecho de piso dentro del gremio.

            El texto de Elías concluye con un listado que hace de algunas tesis de licenciatura que han empleado la metodología en historia oral.

              El texto de José Luis Lara Valdés, El patrimonio cultural, testigo de la historia, entre la teoría y la praxis de la Universidad de Guanajuato, cierra este panorama con el concepto de patrimonio, mismo que resulta más que significativo una vez conocidas los diversos tipos de fuentes historiográficas y sus respectivos métodos de estudio, pues se llega a reconocer a todas ellas como una herencia -si se quiere potencial pero herencia al fin- que nos dejan las generaciones de seres humanos que nos antecedieron; luego entonces la investigación historiográfica se descubre inmersa en un conjunto mayor de acciones que las orientadas por el mero propósito de la obtención de conocimiento del pasado y ahora resulta ser parte de un proceso de rescate, preservación, estudio y difusión de esa herencia cultural legada por quienes nos antecedieron. Esto constituye una razón de peso más para seguir formando historiadores en las universidades.

            Las fuentes con las que los historiadores trabajan, sean documentos de archivo, imágenes alegóricas, fotografías, testimonios orales, y un amplio espectro no abordado aquí como las tradiciones populares, las disposiciones urbanísticas, el arte y la literatura, constituyen parte importante del patrimonio de una nación; por ello es que al historiador, entre otros actores involucrados, compete no sólo el empleo de la información contenido en dicho patrimonio sino también la preocupación por su preservación, pues el patrimonio es una herencia que se hace al ser humano actual para que luego, a su vez, la herede a las generaciones venideras. Vista así la responsabilidad del estudioso del pasado deja de tener una justificación solamente epistemológica para adquirir una dimensión moral.

            Atinadamente José Luis Lara aborda el tema desde al ámbito universitario, porque esta responsabilidad moral no compete únicamente a los individuos separadamente sino también a las instituciones, muchas de ellas consideradas a su vez patrimoniales, como es el caso de la Universidad de Guanajuato, que a través del fomento a los estudios históricos, lingüísticos, sociológicos, filosóficos y jurídicos de nuestra sociedad; a través de la generación de profesionistas preocupados por los bienes patrimoniales de la sociedad en su conjunto, y mediante acciones que permitan impulsar el fomento a las expresiones culturales y artísticas, pueden marcar la diferencia entre el advenimiento de una sociedad corrupta, inconsciente y derrochadora, y una verdaderamente consciente de su propia identidad y más responsable, en términos políticos, de lo que significa administrar los bienes culturales de una nación.

             Como puede apreciarse, en este libro se abordan diversas alternativas tanto de las fuentes que el historiador puede utilizar para sus investigaciones, así como de los métodos que hay que tomar en cuenta necesariamente para lograr su aprovechamiento.

            Ante la variedad de fuentes y métodos a los que el historiador echa mano no ha faltado la crítica revisionista que dice que la historia es una disciplina que no tiene un método propio de trabajo y que tiene que recurrir a los desarrollados por otras disciplinas sociales. Nada más alejado de la realidad, pues como ya se había mencionado, desde tiempos de Ranke, al menos, se reconoce al método crítico como característico de la historia; por otro lado, aún si el historiador importa métodos de otras disciplinas siempre lo hace desde una perspectiva muy particular relativa a la manera en como concibe al tiempo: no solamente como un devenir de acontecimientos susceptibles de ser fechable, sino como lo señala Marc Bloch, una especie de éter en el que los acontecimientos están inmersos y mediante el cual adquieren su inteligibilidad.

            Para concluir, es importante resaltar la comprometida labor que los historiadores formados en la Universidad de Guanajuato están demostrando respecto a su propia disciplina y cómo este compromiso se ve materializado en esta obra en la que nuevamente se establece un vínculo con una sociedad cada vez más demandante respecto a la adquisición de conocimiento de sí misma. En horabuena para la coordinadora del libro y para sus ensayistas, en horabuena para la Universidad.

Explore posts in the same categories: Reseñas

One Comment en “Sobre algunos métodos y fuentes para la investigación histórica”

  1. Gerardo Spearman Morales Says:

    Si, siguiendo a González y González todo es historia, habría que definir qué es ese todo. ¿Todo? en el sentido que nada humano me es ageno, ¿o todo? En el sentido de Historia del tiempo de Stephen Hawking. ¿Acaso es menos historia la historia natural? Si sí, ¿esto dónde dejaría a la historia ambiental?
    Ahora bien, el patrimonio es considerado así debido al significado que le es dado por una tradición. De manera tal que en un siglo determinado puede destruir algo que posteriormente se hubiera contemplado como un patrimonio.
    Esta discusión aflora en los trabajos de restauración del INAH, por ejemplo en edificios que fueron construidos, pero no terminados en el siglo XVIII, que en el XIX se terminaron y redecoraron, a inicios del XX les pareció escándalosa y lo pintaron más sobrio y a finales del XX hicieron una nueva decoración. Ahora, nosotros, ¿cómo encontramos la información sobre cómo era la experiencia del que por allí pasaba, vivía o realizaba su adoración a su dios? Tendríamos que realizar raspados destructivos (arqueológicos y/o de restauración) que mostrarían los colores y en generalidades, el tipo de pintura utilizada; ahora bien, si se usaran análisis químico/espectrales podríamos encontrar información específica del tipo de pintura utilizada y de su procedencia, que bien podría formar parte de información migratoria y económica; además, podríamos minimizar el análisis invasivo.
    Por otro lado, ¿qué criterios usa el restaurador para pintar el inmueble, lo debe dejar como en el XVIII, como en el XIX o tal como está? Tales preguntas no conciernen únicamente al restaurador. Dejarían al historiador mucha información sobre las afinidades estéticas de su propio siglo, pues se daría cuenta que la noción misma de patrimonio es problemática ya que algo que puede ser considerado como notable o bello bien puede ser considerado ahora como feo. Y, sin embargo, cada estética es producto de su tiempo, y por lo tanto, relevante para la disciplina. Podría concluir que la amplitud de fuentes trae nuevos problemas y, quizá, si ampliásemos aún más las fuentes, la definición de historia podría incluir a lo considerado ahistórico, a la física, a la química, a la biología. Por muy epistemológicamente extraño que nos suene. Después de todo. ¿No esas diferenciaciones disciplinarias responden al último diagrama del conocimiento trabajado por Darnton en La gran matanza de gatos? ¿Allí mismo no indica que tales esquemas no son meramente convencionales y arbitrarios?


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: