APUNTES SOBRE MICROHISTORIA ITALIANA Y MEXICANA.

Publicado abril 5, 2014 por Miguel Angel Guzmán López
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Por Eddy Yamir Ojeda Delgado.

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios)

Universidad de Guanajuato.

El surgimiento de la microhistoria italiana durante finales de los años sesenta del siglo XX[1] proporcionó un nuevo paradigma para reconstruir procesos históricos que anterior a ella se consideraba imposible de realizar. Influenciado por el paradigma indiciario, la microhistoria propone que el historiador tome un papel similar al de un detective con todo y  lupa, “Dios está en los detalles”, diría Aby Warburg. De esta forma y en términos generales, podemos considerar a la microhistoria como una rama de la historiografía, que analiza cualquier clase de acontecimientos, personajes u otros fenómenos del pasado que en cualquier otro tratamiento de las fuentes pasarían inadvertidos. La razón por la que llaman el interés del historiador puede ser muy diversa: puede ser lo raro pero también lo cotidiano, es aquí cuando el microhistoriador introduce la llamada reducción de escala o el examen con lupa del pasado, que constituye el instrumento innovador de esta disciplina.

Sin embargo es necesario señalar que durante la primera mitad del siglo XX el historiador mexicano Luis González y González ya había realizado una propuesta metodológica parecida a lo que conocemos como microhistoria italiana[2]. Las posturas de ambas “microhistorias” han sido comparadas para tratar de encontrar similitudes y diferencias. En cuanto a la microhistoria italiana podemos encontrar un refinamiento teórico y la incorporación de metodología de otras ciencias como la antropología, etnografía, iconografía etc.

A la microhistoria mexicana podemos definirla como una excelente historia regional o una historia regional “perfeccionada”. Luis González declaró en incontables ocasiones referirse a su obra como “microhistoria” no obedece a cuestiones metodológicas ni teóricas en profundidad, más bien consistió en un término que empleó para distinguir su objeto de estudio de la historia nacional. Considero que a pesar de sus distintas características, es innegable que cada una ha realizado aportes considerables a la historiografía en general. No es una cuestión de encontrar cual es microhistoria y cual no lo es. Es evidente que la microhistoria italiana ha tenido una divulgación a nivel global, sin embargo podemos observar que pueblo el estudio de don Luis González también ha sido divulgado por muchos países.


[1]Carlo Ginzburg y Giovanni Levi son considerados como los fundadores de la microhistoria italiana. “El queso y los gusanos” y “La herencia inmaterial” son respectivamente las obras que catapultaron a este par de historiadores a ser llamados los padres de la microhistoria italiana.

[2] Pueblo en vilo fue una obra pionera en los estudios de historia regional en México, permanece como el trabajo más significativo de su autor, Luis González y González. En ella González se propuso estudiar las peculiaridades de su pueblo natal, San José de Gracia, respecto a otras regiones del país. Con esto don Luis pretendía abandonar lo que él consideraba, “las historias nacionales de bronce”.

CREENCIAS Y PASOS EN EL MUNDO. LA COMPLEJIDAD DE UNA EXISTENCIA SIMBÓLICA.*

Publicado abril 1, 2014 por Miguel Angel Guzmán López
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Por: Alejandro Meza.

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios).

Universidad de Guanajuato.

            Lo que habita en nuestra mente difícilmente se corresponde con nuestras acciones. Somos seres sociales, arrastrados por culturas longevas que nos brindan pertenencia a cambio de respeto. De nuestros pasos en el mundo, las instituciones pueden dar cuenta de ellos, pero a nuestras creencias es difícil clarificarlas, encontrarles su origen, seguir sus modificaciones. Esta labor es la pretendida por la historia de las mentalidades.

Tenemos un mundo social diverso, terriblemente decantado hacia un capitalismo voraz, pero aún así diverso. Las culturas se modifican para sobrellevar la condición económica de dominio ejercida por unos cuantos humanos en el poder. Nuestros padres y nuestros abuelos podrán decirnos que no siempre fue así. Que en otros tiempos había quienes se oponían al capitalismo despiadado. Que antes había verdaderos marxistas, que buscaban el bien social y no el capital.

Desde noviembre de 1989 estos discursos suenan a ficción. A utopía. A una historia de un mundo distante. El marxismo ha de sobrevivir en menor escala, entre universidades de países capitalistas. Y ahí seguirá su contienda, acotada y de baja expectativa. ¿Por qué fracasó el socialismo? No tengo respuesta alguna, tan sólo algunas especulaciones. No creo que, en los hechos (los métodos, los conceptos, las acciones específicas), el marxismo fuera débil ante el capitalismo; considero que fue en el territorio de las creencias donde perdió su batalla.

La oposición teórica por excelencia entre socialistas y capitalistas se da a través de dos pensadores alemanes: Karl Marx y Max Weber, respectivamente. También se les etiqueta como materialista al primero e idealista al segundo. Opuesto a toda metafísica, para Marx, el motivo de las creencias es ejercer dominio sobre los bienes materiales. Así, la clase en el poder lanza una ideología que justifique la acumulación y el acaparamiento de la riqueza.

Para Weber el sistema es inverso. Es la idea, la creencia, la que determina la relación con el mundo material. Al menos así lo plantea en su libro La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Según Weber, el surgimiento del capitalismo se debe a la peculiar relación de los burgueses calvinistas del siglo XVI y XVII con Dios y con su realidad existencial.

La religiosidad de este particular grupo de personas sostenía que nadie se salva o se condena por sus acciones. Dios ya ha decidido quien goza la gloria y quien se pudre eternamente. Lo que le corresponde al sujeto es saber de qué lado está, y para esto ocupa su “ser en el mundo”; es decir, la existencia le revelará su destino ya trazado. A una mayor laboriosidad en el trabajo, relación profesional con la comunidad y producción de riqueza que se reinvierte, revelación de estar entre los salvados. Para cuando el obsoleto dios del siglo XVIII dio paso a la ciencia y al surgimiento de la idea de progreso, los hábitos de producción continuaron, arraigados en un modo de vida que continuó el capitalismo.

Sin ser una obra propia de la rama denominada historia de las mentalidades (término acuñado en 1960), la obra de Weber arroja condiciones interesantes para el capitalismo actual y las creencias que lo sostienen. El mundo y su apropiación simbólica están íntimamente asociados, incluso podemos ir más lejos y pensar que son una sola entidad. Es decir, que sólo a través de la condición específica de nuestras creencias es cómo podemos relacionarnos con la existencia, incluso si esa creencia es de corte marxista.

No es que “la existencia preceda a la esencia” como sostenía Sartre. O tampoco lo contrario. No es Marx o Weber. Capitalismo o Socialismo. La pregunta no es por el origen, es por la perspectiva. Toda observación es un sesgo, es una discriminación. La realidad es compleja. No hay verdad como esencia, tan solo verdades construidas. La historia que se aproxima a las creencias, que estudia las ideas, la historia de las mentalidades, tiene amplias posibilidades de relacionar los hechos con lo que les simboliza a quienes los realizan.

Lo que habita en nuestra mente difícilmente se corresponde con nuestras acciones; sobre todo si son otros los que definen lo que hacemos, tratando de encasillarlo en sus particulares visiones de la existencia. Somos seres sociales, arrastrados por culturas longevas que nos brindan pertenencia a cambio de respeto; culturas que se han formado simbolizando su existencia de una manera singular, y que no pueden seguir al individuo, pues –como lo ha dicho Schopenhauer- sólo el individuo da cuenta de la relación precisa con la vida. De nuestros pasos en el mundo, las instituciones pueden dar cuenta de ellos, pero a nuestras creencias es difícil clarificarlas, encontrarles su origen, seguir sus modificaciones; actos similares significan de forma diversa, la existencia no está exenta de contradicción o conflicto. Estudiar esta complejidad de nuestra existencia simbólica, es la labor pretendida por la historia de las mentalidades.

*Basado en el texto: “Introducción a la historia de las mentalidades” del doctor en historia Sergio Ortega Noriega.

CONTRA EL ETERNO RETORNO INCONSCIENTE.*

Publicado noviembre 28, 2013 por Miguel Angel Guzmán López
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Por: Alejandro Meza.

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios).

Universidad de Guanajuato.

            Imaginemos por un momento habitar las ideas más radicales de Nietzsche. Seremos lo que somos ahora, una vez más, y otra vez más, y otra vez más, y otra vez más. El universo, limitado en materia y energía, dará sólo unas cuantas combinaciones de existencia, en realidad un número inimaginable, pero no eterno. Lo eterno está reservado para las repeticiones de esas combinaciones. ¿Quién estará ahí para contarlas? ¿Acaso el tiempo? Salgamos de Nietzsche.

Imaginemos ahora que la vida la explica Freud con su psicoanálisis. Nuestra vida es un eterno retorno de nuestros años de infancia. Todo cuanto aprendimos hasta los 4 o 5 años “forman nuestra vida”. Después sólo tendremos variaciones de adaptaciones de reinterpretaciones de lo mismo. Una, y otra, y otra, y otra vez. ¡Cuánta responsabilidad para los padres, hermanos mayores, maestros de preescolar y programas infantiles! Alejémonos lo más posible de Freud.

Imaginemos ahora nuestro mayor dolor. No importa la edad cuando lo vivimos. Recreemos por un instante aquella experiencia que trastornó nuestra idea de la vida, del mundo, del amor, y probablemente de Dios. ¿Qué pensaríamos si alguien nos dijera que estamos condenados a repetirla, y que toda nuestra vida se podrá explicar a través de dicho “trauma”? Ese “alguien” es Rudolph Binion.

La psicohistoria pretende explicar todos los sucesos históricos a través de la repetición inconsciente de los traumas psicológicos de los individuos y de los grupos sociales. Para esta corriente histórica, el dolor de un instante puede ser tan grande, que no habrá mecanismos psicológicos, ni socio-culturales, que lo resuelvan, condenando al sujeto a repetir el mismo trauma, una y otra vez, en una búsqueda infructuosa por resolver aquel terrible dolor originario.

Y todo ocurre en ese “rio subterráneo” que han denominado inconsciente; por eso “no sabemos por qué hacemos lo que hacemos”.

Ahora bien, Nietzsche nunca dijo que el eterno retorno fuera opcional. Al contrario, lo considero una carga pesada, una verdad estremecedora, a la cual sólo es posible enfrentar aceptándola sin reservas, entregándose al gozo de la renuncia de escapar. Tampoco Freud planteó el psicoanálisis con salidas de emergencia. La explicación del médico austriaco fue, en su momento, un sistema acabado, completo y cerrado de explicación psicológica del humano.

Fiel a la tradición determinista, el historiador neoyorquino Rudolph Binion, planteó la psicohistoria como la única forma válida de hacer historia, ya que el resto de las posturas serían incompletas. Binion menciona “Determinar la ‘causa psicohistórica’, como veremos, es determinara la causa total” (25).

Y nos ofrece un ejemplo áspero y de aristas afiladas: Hitler y los alemanes.  Para Binion, la invasión a Polonia en 1939, por parte del gobierno nazi, no fue para la expansión territorial de Alemania hacía el este, con el fin de derrocar a los rusos, y extender el espacio vital del pueblo germano. Binion sostiene que esa postura “se las vendió” Hitler a los alemanes, pero lo suyo, lo suyo, era acabar con todos los judíos de Europa. Los alemanes intentaron eliminar a los judíos de Europa, pero esta política llamada “Solución final del problema judío” fue consensada por varios dirigentes nazis, entre 1941 y 1942.

¿Por qué Hitler utilizó al pueblo alemán para destruir a los judíos? Para vengar la muerte de su madre a manos de un médico judío. Binion sostiene esta tesis, diciendo que el trauma psicológico esencial de Hitler fue la muerte de su madre, envenenada con altas dosis de yodoformo, a manos de un mal médico judío que la trataba de cáncer de seno, en 1907.

Para Binion, Hitler inconscientemente recreó la muerte de su madre cuando sufrió los efectos de gas mostaza, participando en la primera guerra mundial. El recordar la muerte de su madre a través de su propia intoxicación le hizo asociar al veneno del médico, con el veneno del comportamiento judío, a quienes culpa (junto a los marxistas) de la derrota alemana en la gran guerra. Así que vengar a Alemania es vengar a su madre.

Pero, ¿por qué le hicieron caso los alemanes? Porque, según Binion, los alemanes tenían su propio trauma que querían volver a vivir para ver si podían resolver: la derrota terrible de la primera guerra mundial. Hitler llegó en el momento preciso en el que los alemanes necesitan un líder poderoso y decidido, para “sanar” el trauma de la guerra pasada… y el resto ya lo conocemos.

Imaginemos ahora los peligros de explicaciones históricas y sociales basadas en móviles inconscientes, en donde las experiencias traumáticas son superiores a toda forma de resolución del individuo. Comenzaremos a buscar –con un morbo atroz- las pequeñas o grandes vivencias dolorosas de todas las figuras públicas o de todas las culturas (actuales o pasadas), con el fin soberbio de explicar –de una vez y para siempre- el porqué de su comportamiento, un comportamiento cíclico, un comportamiento inevitable.

¿Saben que? Mejor no lo imaginemos.

*Basado en el texto: III. El estudio psicohistórico de los gruposen Introducción a la psicohistoria, de Rudolph Binion. México, FCE, 1986.

FERNAND BRAUDEL Y LA LARGA DURACIÓN.

Publicado noviembre 27, 2013 por Miguel Angel Guzmán López
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Por Eddy Yamir Ojeda Delgado

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios).

Universidad de Guanajuato.

Sin duda alguna la propuesta hecha por Fernand Braudel acerca de ubicar los sucesos históricos dentro de una nueva temporalidad llamada “Larga duración” revolucionó  la historiografía de su época. Con la llegada de la “nueva historia”,  (Corriente historiográfica desarrollada en Francia como oposición a la historia tradicional impuesta por los historicistas), se buscó generar historias-problema, que no solo se redujeran a narrar sucesos del pasado, sino explicarlos a través de un análisis detallado que nos permitiera saber las causas, desarrollo y el impacto de un fenómeno histórico, fue así como surgió la Larga duración.

Este modelo desarrolló una temporalidad que tomara en cuenta los procesos cíclicos y las posibles variaciones que sólo pueden detectarse si se estudian dentro de un espacio de tiempo de larga duración que hipotéticamente abarcaría muchos años, décadas y en ocasiones hasta siglos. Esta duración está inmersa en los estudios de largas evoluciones, no solo sociales y económicas, sino también en el desarrollo de factores biológicos, geográficos y de carácter natural (Desarrollo físico de la especie humana, enfermedades, apogeo y decadencia de ciudades, puertos, caminos, etc.). Entre las aportaciones de la larga duración podemos encontrar el desarrollo del estudio de las mentalidades, pues delimitando el estudio a un tiempo cronológico muy amplio, el historiador a podido observar los cambios y continuidades de la mentalidad en los pobladores de una región, para definir las estructuras sociales por las que se han regido las sociedades, etc. Para Braudel, el tiempo histórico se divide en tres formas: La larga duración, la coyuntura y la corta duración.

Es innegable que bajo este enfoque se han desarrollado grandes investigaciones, cuyas aportaciones han quedado como ejemplo para las futuras generaciones de historiadores. “El mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II”, de Fernand Braudel, “Los reyes taumaturgos” de Marc Bloch, pudieron dar una explicación de cómo a través de los siglos se configuraron procesos políticos y económicos (en el caso del mediterráneo), así como procesos de mentalidad y cultura a través de lo que parecían simples creencias (los reyes taumaturgos).

Sin embargo hay algunas cuestiones que debemos tener en cuenta sobre esta propuesta, como lo son las siguientes: 1) La larga duración solamente se enfoca en el estudio de las grandes estructuras, es decir, margina al sujeto, pues no le considera que tenga la posibilidad de relevancia dentro de los procesos históricos de larga duración; 2) La larga duración suele ser muy determinista, pues considera que los acontecimientos surgidos dentro de este periodo largo no causan ninguna variación importante que pueda representar una influencia en el desarrollo lineal de un fenómeno social, económico, cultural, etc. 3) La elaboración de estudios de larga duración requiere de un tiempo y un esfuerzo considerable, recordemos que las investigaciones desarrolladas bajo este enfoque suelen abarcar procesos de una temporalidad muy amplia. 4) Quizá no se considere una de las características más notorias de este enfoque, pero Braudel consideraba que la narración histórica al estilo del siglo XIX no tenía lugar en las investigaciones científicas de este tipo, por lo que utiliza una escritura muy esquemática y rígida para plantear la problemática que el historiador estudia. Actualmente son pocos los historiadores que se han interesado en desarrollar investigaciones bajo un periodo de larga duración, a raíz del surgimiento de los denominados “nuevos enfoques”, “nuevas perspectivas”, debido a la recuperación del sujeto, el retorno de la narrativa, las delimitaciones espaciales y cronológicas, etc.

Sin embargo considero que Braudel ha sido una influencia muy importante respecto a lo que la historia es hoy en día, pues realizo aportaciones muy significativas que vinieron a dotar a la disciplina histórica de una rigurosidad teórica y metodológica muy importante. Es interesante también como promovió los primeros acercamientos interdisciplinarios entre algunas ciencias sociales, con lo que se enriquecieron los estudios históricos y que marcaron la pauta para que en un futuro próximo se diera esta apertura entre la historia y las otras disciplinas sociales.

 

Braudel Fernand, “La larga duración” en Historia y ciencias sociales, siglo XXI ed. 1968.

DE LA INTUICIÓN A LA PRUEBA: LA PROPUESTA DEL MÉTODO PSICOHISTÓRICO DE RUDOLPH BINION.

Publicado noviembre 19, 2013 por Miguel Angel Guzmán López
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Por Luz Antonia Miranda Félix

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios).

Universidad de Guanajuato.

A dos años de la muerte del psicohistoriador estadounidense Rudolph Binion, creador de obras como las de ”Líderes derrotados: El destino político de Caillaux, Jouvenel y Tardieu” (1960) y “Hitler entre los alemanes” (1976), resulta conveniente recordar cuál fue su propuesta historiográfica, sobre todo ante un ámbito académico mexicano, más ligado a los modelos de la historiografía  francesa que a la tradición histórica anglosajona.

En general, Rudolph Binion considera que la historia no debe ser descriptiva, no debe quedarse en el qué de los acontecimientos pasados, sino que debe ir más allá y profundizar en el porqué de los acontecimientos, en conocer los motivos del por qué las cosas se dieron de determinada manera y no de otra. Su sistema explicativo de causa-efecto, lo llevó a querer conocer la causa primera, primordial y determinante de toda acción histórica. En primera instancia, descartó las posturas economicistas que intentaron explicar los fenómenos sociales, políticos y culturales a partir de las bases materiales que las regían. Tampoco le convenció la propuesta de la historia intelectual sobre que las ideas regían a los hombres y el pensamiento puro determinaba la conformación de las instituciones políticas, económicas y sociales. Al respecto, Rudolph Binion (1986: 13) se coloca en otro determinismo, para este autor el porqué de la historia, se circunscribe “forzosa e íntegramente a un porqué psicológico”.

Para Rudolph Binion (1986: 13), la historia la hacen los hombres y  “para saber por qué los hombres han hecho lo que han hecho hay que profundizar en sus móviles.” Esos móviles, no pueden estar en otro lado, más que en  lo más profundo del ser del individuo, esto es, en su inconsciente.  El historiador debe buscar lo que hay detrás de las prácticas, de los actos, de las instituciones y de las creencias de los individuos. Debe interesarse, tanto en las acciones como en las inacciones de los hombres del pasado.

El reconocimiento que hace Binion a la existencia del inconsciente, está basado en su acercamiento que tuvo con la teoría freudiana. No obstante, Rudolph Binion se aleja de los seguidores de Freud, que intentaron explicar, o mejor dicho, describir las actitudes psicológicas de ciertos personajes históricos, a partir de las experiencias que éstos tuvieron en su niñez, sus traumas y complejos. Para Binion, la psicohistoria va más allá de la narración simplista de un cuadro clínico psicológico de un personaje histórico. Este tipo de estudios, que parecieran colocar en un diván a Stalin, Hitler o Mussolinni, no brindan explicación alguna sobre los procesos históricos y se quedan en el nivel anecdótico y descriptivo. En contraposición a ello, Rudolph Binion propone relacionar los diagnósticos psicológicos de los personajes históricos,  con sus acciones políticas, económicas y sociales.

El método que propone para su propuesta de psicohistoria lo basa en el método intuitivo de Henri Bergson, filósofo francés de principios del siglo XX, que consideraba que era posible conocer, en primera instancia, mediante una intuición inmediata, a través de una simpatía subjetiva, que luego podía traducirse a conceptos y fórmulas científicas.  El método psicohistórico de Binion, parte de la misma manera, se trata de un método deductivo, en el que en el primer paso se “ investiga de manera detallada el tema, “desde fuera” en espera de luego poder colocarse en su interior “de poder identificarse con él, a través de todas las distancias culturales, sociales y de toda índole que de él lo separen, de poder sentir en sí mismo la realidad existencial vivida, de poder analizarla en su propia persona para extraer de ella el sentido profundo, el hilo conductor inconsciente.” (Binion, 1986: 18). A este proceso de volver consciente, lo inconsciente, a partir del estudio exhaustivo de un caso, Binion lo llamó empatía. El segundo paso, consistiría en la retrodicción, es decir,  la búsqueda del material para comprobar que realmente se llegó a ese nivel del inconsciente. (Binión, 1986: 19).

En su estudio sobre Hitler, Binion (1986: 21-22)  se preguntó primero por qué en su retórica, había una insistencia en considerar al judío como el envenenador de Alemania.  De acuerdo a las palabras de Hitler: “El país madre, como decía típicamente, la Mutterland, tenía una toxina en el cuerpo que había que combatir con urgencia mediante una antitoxina”.  Este tipo de expresiones generaron en Binion una primera intuición, de que existía algo más que una simple metáfora del judío como sinónimo de veneno.  Con base en un profundo estudio psicológico y discursivo de Hitler, logró darse cuenta que el uso de la palabra “envenenamiento”, literalmente remitía  al envenenamiento que había sufrido su madre por un médico judío, que le había recetado dosis letales de yodoformo ante su cáncer de seno, hecho que le provocó  su muerte. La comprobación de su hipótesis la logró consolidar con la ficha médica que el doctor judío recetó a la madre de Hitler.

En síntesis, el método psicohistórico va de lo general a lo particular, primero se apoya en un examen exhaustivo y argumentativo de un caso, con base en la intuición, y luego procede a la prueba o comprobación. Al respecto Binion (1986: 20) menciona: “La documentación adecuada, se encuentra siempre después” proponiendo con ello un método que de alguna manera parte a la inversa de como tradicionalmente se trabaja en la historia.

A pesar de que la propuesta de Binion resulta interesante y atrayente para el gran público, ésta puede ser objeto de varias críticas, se le puede objetar: su visión determinista, su falta de sustento teórico, ante una disciplina como la psicología aún en consolidación y su frágil metodología que pudiera caer, en caso de no tener una argumentación sólida, en un verificacionismo subjetivo de lo “que se quiere o desea ver.”

LO MULTÍVOCO EN “HISTORIA” Y EN “LO HISTÓRICO”.

Publicado noviembre 14, 2013 por Miguel Angel Guzmán López
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Por Gerardo Morales Jasso.

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios).

Universidad de Guanajuato.

Los profesionales de la historia están acostumbrados a leer en diversos contextos sobre: el “desarrollo histórico”, la “condición histórica”;[1] ligados al indeterminado, movedizo y cambiante “mundo histórico”[2] y por lo tanto, sobre el “cambio histórico”.[3] También sobre la historia viva y la historia muerta; sobre la “experiencia histórica”, la “actitud histórica”, la “conciencia histórica” y de la “vida histórica”.[4] Otros historiadores hablan de la “especulación histórica”, del “mito histórico”,[5] del “sentido histórico”,[6] de la “reconstrucción histórica”,[7] de la “Memoria histórica”,[8] de la “epistemología histórica”, de “El conocimiento histórico”,[9] de “La experiencia histórica” e incluso de la “razón histórica”.[10]

Invito al lector a que reflexione un minuto en la vorágine de sustantivos apellidados históricos; a que pongamos los códigos que manejamos en la parte central de la discusión, lo cual sería “clave para la reflexión epistemológica de la disciplina sobre sí misma.”[11] Una vez que realizó su reflexión en sus propios términos, le invito a que se deje llevar (no de una manera acrítica) por la reflexión aquí planteada. A mí me surge la pregunta ¿acaso cada uno de estos sustantivos pueden no ser históricos? Por ejemplo, ¿existe experiencia, especulación, conciencia, vida y desarrollo fuera de la historia?

Apuntaba Monsivais que los usos de la expresión “lo histórico” van de “la histórica manifestación”, “el record histórico”, “el histórico discurso”, hasta usos como “mi ex ya es historia”. En los primeros casos se consigna la novedad, en el último la nula importancia de lo que se quedó en el pasado. Consigna que el sentido de lo histórico es falso en estas aseveraciones populares y vulgares, porque vela el sentido de la historia. Aunque añade que “Quizá sea la declinación de un genuino sentido de la historia la que prodiga esas manifestaciones seudohistóricas.”[12]

Aunque los historiadores no usan en los ejemplos arriba mostrados las acepciones que plantea Monsivais; con estos ejemplos nos damos cuenta de la polisemia de “historia” y de “lo histórico”; es decir, de lo multívoco de estos términos al poder ser usados de manera tan diferente incluso por personas que dominan un mismo repertorio de conocimientos. Habitualmente estas ambigüedades no generan demasiados problemas ya que estamos acostumbrados a darles cierta lectura, lo que implica que estamos poco acostumbrados a problematizar tales fórmulas.

¿Qué no decir desarrollo ya implica lo que se quiere implicar con histórico? ¿Qué especulación no acontece en la historia? ¿Qué mito no es histórico? O lo que es más, ¿no se supone que los mitos son ahistóricos? ¿En qué sentido puede la historia ser un mito? ¿Qué experiencia aparece fuera de la historia? ¿Qué reconstrucción no se da en la historia?

Antes que nada reconoceré que el lector puede generar diversas respuestas, depende si entiende historia por la disciplina o por la realidad en devenir. Haga la prueba y vea que su respuesta variará según el significado que haya dotado usted a “lo histórico”. Entonces, ¿en cuántos casos de los arriba mencionados el uso del adjetivo histórico es tan innecesario como que los físicos digan “potencia física”, “masa física”? En todo caso, para responder esta pregunta habría que leer a los autores que usan tales expresiones, ayudarnos con el contexto para inferir si se referían al conocimiento sobre la historia, o a la realidad (¿podemos añadirle histórica? ¿No estamos diciendo entonces que hay realidad que no lo es?); y en todo caso ¿a qué realidad le llaman así?

Por último, ¿es propio de una disciplina científica tal multivocidad? Parece que es obvia la necesidad de “Traer los metalenguajes al primer plano y someterlos a la racionalidad crítica”.[13]


[1] Rodrigo Ahumada Durán, “Problemas y desafíos historiográficos a la epistemología de la historia (segunda parte)”, en Comunnio, no. 3, 2000, p. 84, 106.

[2] Luis González y González, “Lo histórico”, en El oficio de historiar, Zamora, El Colegio de Michoacán, 2003, p. 161.

[3] Enrique Florescano, “De la memoria del poder a la historia como explicación”, en Carlos Pereyra, et. al., Historia ¿para qué?, México,  siglo XIX, 2005 [1980], p. 104.

[4] José Luis Romero, “La historia y la vida”, en La vida histórica, México, siglo XXI, 2008, pp. 35, 37, 39, 43, 62.

[5] Arnaldo Córdova, “La historia, maestra de la política”, en Carlos Pereyra, et. al., Historia ¿para qué?, México,  siglo XIX, 2005 [1980], pp. 134, 138, 140.

[6] Carlos Monsivais, “La pasión de la historia”, en Carlos Pereyra, et. al., Historia ¿para qué?, México,  siglo XIX, 2005 [1980], p. 172.

[7] Adolfo Gilly, “La historia como crítica o como discurso del poder”, en Carlos Pereyra, et. al., Historia ¿para qué?, México,  siglo XIX, 2005 [1980], p. 200.

[8] Guillermo Bonfil Batalla, “Historias que no son todavía historias”, en Carlos Pereyra, et. al., Historia ¿para qué?, México,  siglo XIX, 2005 [1980], p. 238.

[9] Jacques LeGoff, “La historia como ciencia: el oficio del historiador”, en Pensar la historia: modernidad, presente y progreso, México, Paidós, 2005, p. 108 (ambas citas de Paul Veyne).

[10] (Cursivas en el original) Enrique Moradiellos, “¿Qué es la historia?”, en El oficio de historiador, México, Siglo XXI, 1994, pp. 15, 16.

[11] Immanuel Wallerstein, “Debates en las ciencias sociales, de 1945 hasta el presente”, en Abrir las ciencias sociales, México, siglo XXI, 2004, p. 73.

[12] Carlos Monsivais, ob. cit., p. 173.

[13] Immanuel Wallerstein, ob. cit., p. 64.

PARA DEFENDER EL LUGAR DE LA HISTORIA EN LAS CIENCIAS SOCIALES. ACERCA MIENTO A LA NATURALEZA DEL CONOCIMIENTO HISTÓRICO.

Publicado noviembre 12, 2013 por Miguel Angel Guzmán López
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Por Mario Soriano Licona

Maestría en Historia (Estudios Históricos Interdisciplinarios)

Universidad de Guanajuato.

¿Qué es la historia? Esta es la cuestión principal que se desarrolla el texto. Sin embargo Ahumada no lanza su propuesta de forma inmediata, sino que nos sumerge en un ejercicio de reflexión por medio de la cual da su respuesta. Y una vez que la da, nos revela cuál es la intención principal de haber hecho tal ejercicio; posicionar a la historia frente a las “llamadas ciencias sociales”, pues para Ahumada la situación cultural actual hace que otras disciplinas (principalmente la sociología o la antropología) le disputen a la historia su lugar en el conocimiento e investigación de los actos humanos; Ahumada concluye indicando que la historia tiene su lugar asegurado gracias a las características de su objeto de estudio.

Ahumada inicia esta reflexión sobre la naturaleza del conocimiento histórico haciendo un ejercicio filológico del vocablo historia en la lengua española, francesa y alemana. Señalando que en las dos primeras lenguas el énfasis puesto en las definiciones, en base al orden de mención de las acepciones,  siempre recae en la historia como conocimiento de los acontecimientos pasados, y las acepciones siguientes la señalan como los acontecimientos que tuvieron lugar en el pasado; en cambio la palabra alemana para designar historia muestra un mayor peso a ligarla con los sucesos o acontecimientos, antes que con el conocimiento.

La solución a tal ambivalencia del término la encuentra Ahumada en rescatar el origen griego de la palabra historia como indagación o investigación, es decir como un tipo de conocimiento. Pero señalando que su propuesta no pretende ser concluyente.

Partes centrales en la explicación de Ahumada las constituyen la definición del objeto de estudio de la historia, y  la forma en que el historiador se relaciona con él (rol activo). En general considero que a través de este ejercicio nos muestra cuál es su concepción del trabajo del historiador y de los elementos que participan en dicho trabajo.

Ambas cuestiones le sirven a Ahumada para romper con la postura que considera a la historia como una ciencia, su principal argumento es que el tipo de objeto (el pasado humano) no es compatible con los parámetros bajo los cuales trabajan las ciencias, debido a su naturaleza individual y contingente; es bajo estas características que la historia aporta cuestiones que las ciencias sociales no tienen en la naturaleza de su objeto de estudio, pues este no tiene la dimensión temporal histórica, ni se liga con el presente para poder comprenderlo. Tampoco comparte la postura de Lucien Fabvre de considerar a nuestra disciplina como científica por su posibilidad de plantear problemas e hipótesis; de igual forma no considera que el método pueda ser parámetro para considerar a un saber como científico.

Respecto a la cuestión del historiador la noción de historia que propone Rodrigo Ahumada le otorga un papel principal. Esto es lo que él llama el rol activo del historiador, dejando totalmente de lado a la propuesta de la historia positivista; además introduce  cuestiones sobre el manejo de documentos, sus características, y el papel que estos juegan en el conocimiento histórico (nexo objetivo).

El papel del historiador es otro elemento que aleja al saber histórico de la clasificación de ciencia, pues el historiador accede al conocimiento del pasado humano a través de procesos intelectuales que van ligados a cuestiones de interpretación. Debido a que la historia (la realidad pasada) no la encontramos en estado puro, y accedemos a ella a través de documentos (entendidos en un sentido amplio). Pero el historiador pertenece a una temporalidad distinta a la que estudia, por ello es importante saber que su interpretación estará impregnada de su presente, de su cosmovisión, de su concepción del hombre, de su formación ética, de su visión política, e incluso de sus virtudes intelectuales y de su calidad humana. Tomando todos estos elementos en cuenta  es como el historiador crea la verdad histórica.

A mi punto de vista, si bien en la actualidad, en el medio académico la propuesta de la escuela metódica no goza de buena reputación, en el ejercicio de nuestro trabajo como historiadores siempre se nos esta insistiendo en no caer en subjetividades, sin embargo propuestas como las de Ahumada nos hacen reflexionar en que el conocimiento histórico va muy de la mano de lo que nosotros somos como investigadores  y como humanos; pero para introducir solides a nuestras investigaciones debemos poner mucha atención en respaldarlas con fuentes documentales, es en este punto donde al conocimiento histórico presenta una actitud científica pero esto no hace que se constituya en un saber científico.

A grandes rasgos puedo concluir que Ahumada nos introduce a la discusión de la naturaleza del conocimiento histórico, lo que lleva a su estudio a un nivel de discusión que tiene más relación con la filosofía de la historia, que con las cuestiones filológicas. Y al hacer este ejercicio reflexivo nos introdujo a cuestiones que tienen que ver con la puesta en práctica de nuestra disciplina. Pero no hay que perder de vista, tal como se señala en el texto, que estas cuestiones siguen en debate, a nosotros nos corresponderá interpretarlas y tomar posiciones.


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